Barcelona

Cayetana desmiente que duerma con Alfonso por Jesús MARIÑAS

Mantienen posturas antagónicas, acaso porque la conocen bien, aunque sea María Eugenia Fernández de Castro quien más sabe de los entresijos familiares. Genoveva Casanova lloriquea por Gonzalo Vargas Llosa y defiende la independencia ducal.

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Mantener las tradiciones le viene de casta y, por eso, se muestra partidaria de que su ex suegra no se case. Cayetana recientemente me decía: «Llevo tres años haciendo caso de mis hijos, que me piden paciencia, pero tres años hartan a cualquiera». A sus 85 primaveras, la más titulada de España vuelve a enfrentarse a la polémica. Su primer posado oficial con el funcionario levanta ampollas en la parentela. Y ni siquiera le mentaron en la comida semanal que la Alba ofrece en Dueñas a sus íntimos. La última fue anteayer y es ya una tertulia ambicionada por muchos. «Esta semana Alfonso se "libra"de venir a Sevilla», me dice uno de los escogidos a esta cita. La capital hispalense entera está en capilla ante la boda, el sábado, de Carmen Solís, hija del marqués de Valencina y Carmen Tello. Es una cita propia del «¡Hola!» de carne y señorío. A Carmen la tiene sin dormir cómo colgar una guirnalda floral sin afectar la monumentalidad del céntrico Palacio Cuna, enfrente de la iglesia que servirá de espléndido marco al enlace. Quinientos invitados, componiendo la flor y nata. Allí estarán Cayetana y Alfonso, ya como pareja aceptada.

«La duquesa nos adelantó que este verano mantendrá su calendario, que siempre inicia con unas semanas en San Sebastián, aprovechando que allí vive su amiga Tere Pickman. Luego irá por Marbella, imprescindible en su descanso, rematando en Ibiza», me aseguran. Durante el almuerzo contó lo bien que lo pasó en un reciente minicrucero con su galán de Málaga a Barcelona. Ella aprovechó para hacer precisiones: «Han contado que compartimos suite y es mentira: cada uno teníamos nuestro propio cuarto». La duquesa viajó con secretaria y dos doncellas. No faltó la auxiliadora Lola. Apenas salió a cubierta y pasó la navegación revisando películas antiguas. Alfonso abastece su videoteca y no se cansa de ver «Lo que el viento se llevó», título inaplicable a personaje tan superador de nostalgias. Afirma su cuerpo de jota y me dicen que sus hijos siempre niegan las maniobras socavadoras que les atribuyen. Ella pone cara de creer semejantes justificaciones, pero mantiene al novio junto a ella aunque este fin de semana no se moviera de Madrid. Tras el verano podría dar el bombazo.