Obama bajo la sombra de Jimmy Carter

Afronta la recta final de la campaña con la presión de no convertirse en el segundo demócrata que sólo gobierna una legislatura

Obama, durante un acto de campaña en la Universidad George Mason en Fairfax, Virginia
Obama, durante un acto de campaña en la Universidad George Mason en Fairfax, Virginia

NUEVA YORK- Cuando el presidente Barack Obama llegó a la Casa Blanca, los legisladores republicanos del Congreso se marcaron un único y gran objetivo: hacer del demócrata un presidente de una legislatura como lo fue Jimmy Carter. El efímero mandatario, que también recibió como Obama el Premio Nobel de la Paz y que ha destacado en los últimos años por su mediación en conflictos internacionales, se convirtió en el primer presidente electo de Estados Unidos que no lograba la reelección al ser derrotado en las urnas en 1981 por el republicano Ronald Reagan. Que a Obama le ocurriera lo mismo parecía difícil hace cuatro años, con unos índices de popularidad del 60 y 70 por ciento, pero a dos semanas de las elecciones se ha convertido en una más que posible realidad. Sin quitar mérito a los conservadores, que se han dedicado a boicotear todas las iniciativas de Obama, incluso a costa de la estabilidad económica del país, el presidente ha encabezado una campaña basada en destacar los errores de su contrincante Mitt Romney y no en apostar por sus propios logros. De esta manera, afronta la recta final con la presión de defender su legislatura y aspirar a la reelección.

Tras la aburrida convención republicana en Tampa (Florida) y la gran puesta en escena de la fiesta demócrata en Charlotte (Carolina del Norte), Obama subió en las encuestas, pero el candidato republicano Mitt Romney empezó a arañarle puntos después del mal debate del demócrata en Denver. Entonces, la buena actuación de Romney, pese a las inexactitudes en su discurso, hizo ver a los votantes que quizá el republicano no sea tan malo como los demócratas les habían pintado. Sobre todo, después de que Obama no les haya librado de la crisis económica tan rápido como ellos esperaban. Más tarde, el vicepresidente Joe Biden relanzó la carrera en su buena intervención en el debate contra el candidato vicepresidencial Paul Ryan.
Pero no ha sido suficiente para que Obama despegue en las encuestas. Nadie vota por el segundo de carrera, sino por el primero. Tras la victoria de Obama en el segundo debate presidencial en Nueva York la pasada semana, el demócrata se enfrenta a la tercer prueba de fuego. Esta noche volverá a medirse con Romney en Boca Ratón (Florida) tras haber estado preparándose para el debate durante todo el fin de semana en su residencia oficial de descanso en Camp David (Maryland). Quienes sí han estado haciendo campaña estos últimos días han sido los aspirantes a vicepresidente, Joe Biden y Paul Ryan, que han recorrido los estados indecisos con la esperanza de arañar los votos más deseados de la recta final. El enfrentamiento de hoy por la noche será moderado por el periodista Bob Schieffer, de la cadena CBS y tendrá un formato parecido al primer debate. Schieffer centrará sus preguntas en Oriente Medio y terrorismo, donde el único punto débil de Obama es el ataque a Bengasi. El error de Mitt Romney en el anterior debate, cuando se enzarzó con Obama en una pelea sobre si el presidente lo había llamado acto de terrorismo, hace pensar que el demócrata se encuentra en una posición de ventaja en esta materia. Obama tiene un currículum excelente en política exterior y Romney jamás le echará en cara que no haya cerrado Guantánamo o su excesivo uso de aviones no tripulados con misiles, los llamados «drones», en la frontera de Pakistán y Afganistán, donde los bombardeos han costado la vida a miles de civiles. Tampoco tiene nada que objetar respecto a la muerte de Osama Bin Laden.

Lo cierto es que, pese a la importancia de la crisis económica en la campaña y a que el paro es la principal preocupación de los estadounidenses, la política internacional está ocupando un puesto de vital trascendencia en la elección del candidato que pasará los próximos cuatro años en la Casa Blanca. Tras la crisis de Libia, el último país en incorporarse a la lista de temas decisivos ha sido Irán. El diario «The New York Times» publicó el sábado que «Estados Unidos e Irán han acordado por primera vez mantener negociaciones directas sobre el programa nuclear de Irán. De esta manera, se abre camino al que podría ser el último esfuerzo diplomático para evitar un ataque militar contra Irán». En el artículo del rotativo, se indica que Irán «ha insistido en que las conversaciones den comienzo después de las elecciones hasta que puedan saber con qué presidente estadounidense deben tratar». Pese a que tanto la Administración Obama como Irán han negado que estas conversaciones existan, sin duda la información aparece en un momento crítico de la carrera presidencial y supondría un espaldarazo para el presidente, que necesita contar de nuevo con la confianza de los electores. Aunque, desde hace semanas, se baraja la posibilidad de una operación dirigida a los responsables del ataque a Bengasi, un golpe de efecto de Obama para acabar con la tensión respecto a los planes nucleares de Irán supondría un vuelco en la igualada intención de voto de los estadounidenses. ¿Quién dijo que la tradicional sorpresa de octubre, que decide quién llega a la Casa Blanca, iban a ser los debates? Quizá, pueda serlo la política exterior que se siga con Irán.