Tras la perra del caballeroso Ackerley

El libro más conocido de Joe Randolph Ackerley, el póstumo «Mi padre y yo» (1968), cuya traducción, de 1991, recupera Anagrama con prólogo de Javier Marías, estaba dedicado a un/una tal Tulip. Muchos descubrirán que el objeto de la dedicatoria no es una persona, sino el animal de «Mi perra Tulip» (1956).

Ackerley, pura flema inglesa
Ackerley, pura flema inglesa

El detalle dice mucho de Ackerley, porque es uno de esos caballeros que ejemplifican la flema inglesa, un sentido del humor fino y elegante y un tono narrativo sereno, cuidado. El hecho de que ese texto esté dedicado a un perro refuerza su imagen de escritor misántropo, que se distanció de todo menos de su mascota. Marías ya hablaba de que «Mi padre y yo» era un texto de difícil catalogación al participar de varios géneros de corte autobiográfico y narrativo, y algo similar ocurre con «Mi perra Tulip». En aquel caso, la investigación partía del pasado oculto de su progenitor, que había llegado a tener una doble familia. En esta ocasión, el análisis es más difícil de biografiar: una perra alsaciana, paradigma de fidelidad –e incluso de celos, a la que Randolph Ackerley ayuda a convertirse en mamá organizándole «citas».

Una «psique» creíble

El ejercicio de Ackerley de crear una crónica entretenida a partir de las andanzas banales de un animal de compañía alcanza una gran credibilidad: los paseos por el parque, su comportamiento en el apartamento del escritor, las visitas al veterinario, los encuentros con otros perros, son episodios que cobrarán un interés máximo para los aficionados a los animales, y para los amantes de toda psique, humana o animal, racional o no.


«M perra tulip»
J. R. Ackerley
Anagrama
187 páginas,
16,50 euros.