Perder la cabeza

La Razón
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A ver si quedan las cosas claras, porque con el barullo de propuestas que facturan al minuto se corre el riesgo de confundir a los «indignados» con un concierto de Bob Dylan. Lo que sucedió este domingo, tanto en las calles capitalinas como en la profunda Extremadura, es un ajuste de cuentas de la izquierda sociológica contra sus propios dirigentes, algo así como el impulso edípico de matar al padre, al que acusan de alta traición desde que el 12 de mayo de 2010 el líder que iba a cambiar la historia y lo único que hizo fue cambiar de bando. Lo resumió a la perfección una de las pancartas de Madrid: «Luché contra el PP y me estafó ZP». El movimiento del 15-M es, sobre todo, una querella interna de las izquierdas, por más que intenten maquillarlo metiendo en el mismo saco del descontento al PP o disparando por elevación contra el sistema parlamentario en pleno. Uno empieza a estar empachado ya con tanta ínfula de quienes se erigen en depositarios de la «democracia real». Pues no, oiga, lecciones de democracia, las justas. Aquí los únicos que pueden sentar cátedra son un puñado de héroes que se juegan la vida en el empeño, como por ejemplo, Carlos García, el concejal de Elorrio que le ha echado redaños para evitar que Bildu gobernara en su pueblo. Sin perro y sin flauta, a pelo y renunciado a la comodidad del anonimato. Y sin que ningún «indignado» le haya apoyado, porque, mire usted por dónde, los apóstoles de la regeneración no han tenido el coraje de asomar la nariz por territorio batasuno. Otros que también se juegan la piel por una vida digna y libre son los mil y pico jóvenes soldados destinados en Afganistán. Este fin de semana, a dos de ellos, un chico de 29 años y una mujer de 25, los talibán le amputaron una pierna de un bombazo. La trágica noticia no mereció la atención ni el comentario de los manifestantes. Quien sufre y muere, en fin, por la democracia son los miles de chavales sirios que el régimen de Al Asad aplasta como insectos sin que los «indignados» se hayan plantado ante su embajada o enviado una flotilla solidaria. En fin, chicos, está bien que queráis ajustar cuentas con vuestros mayores de la izquierda y que lo hagáis pacíficamente, pero no perdáis la cabeza, ahorraros las clases de democracia y no os emborrachéis de heroísmo cívico. Aunque sólo sea por respeto a los verdaderos héroes que se juegan la cabeza cada día.