Alemania evoca a sus terroristas

Es difícil encontrar una película alemana a concurso en la Berlinale que no acabe haciendo un ejercicio de memoria histórica. Son los restos del naufragio del Nuevo Cine Alemán, que se hizo responsable de quemar las naves de la culpa e invirtió toda su energía en investigar las raíces de los males de la sociedad germana para pasar página

Lin So-jung, ayer en Berlín
Lin So-jung, ayer en Berlín

Pero pasar página no es fácil, y ahí está un filme como «If Not Us, Who» para demostrarlo. En ella, Andres Veiel reconstruye el nacimiento del grupo terrorista Baader-Meinhof apoyándose en una historia de amor triangular, la que unió a un ideólogo de la revolución, Bernard Vesper, y a dos activistas, Gudrun Ensslin y el propio Andreas Baader. El personaje más interesante del trío, y el mejor desarrollado, es el de Vesper, por lo que tiene de vínculo del movimiento terrorista con el nazismo. Hijo de un escritor pro-Hitler, Vesper montó una editorial que reeditó los textos más nacionalistas y polémicos de su padre junto a ensayos que prefiguraban el ardor antiimperialista de las protestas contraculturales de finales de los 60.

Imágenes de archivo
El despertar de Vesper es, en realidad, el de toda Alemania: no hay más que abrir los ojos, sentirse huérfanos y tomar las armas. La película contextualiza con imágenes de archivo la historia personal de Vesper, su relación amorosa con Ensslin y la posterior unión de ésta con Baader. Es un tic de documentalista –es el primer filme de ficción de Veiel–, como también lo es el de intentar embutir multitud de información y personajes secundarios sin acabar de desarrollar nada. Ninguna explicación se da sobre el pasado de Andreas Baader para entender la virulencia con que enfoca su presente terrorista. El problema de «If Not Us, Who» reside en que es difícil hallar en ella un punto de vista que no sea el de una exposición de los hechos tan pedagógica como televisiva.

Una pérdida de perspectiva mucho más radical desenfocaba por completo la participación israelita en competición. Lo que «Odem», de Jonathan Sagall, comparte con «If Not Us, Who» es la voluntad de exorcismo, en este caso, del conflicto de Gaza. Sagall utiliza un modo oblicuo de enfrentarse a él: explicar la historia de amor y amistad de dos mujeres palestinas que emigran a Londres y que cargan con un trauma del pasado, la violación de una de ellas por parte de un soldado israelí. El relato es fragmentado, va y viene entre el pasado y el presente, como para disimular la banalidad de las trampas que Sagall va a tendernos por el camino. La película borda el amateurismo: filmada en digital, es puro cine doméstico que no debería haber pasado el filtro de los programadores de la Berlinale.