Ciclismo

El santuario de Voeckler

Gloria y gesta épica para el francés en el Tourmalet.Cadel Evans se estrelló con los Pirineos y se aleja definitivamente del podio

Los hay, muchos, que se quejan y lloran, se lamentan por asistir al mancillamiento y la deshonra del templo ciclista que es el Tourmalet cuando el pelotón del Tour impávido lo sobrevuela sin ataque ni desfallecimiento alguno. Hay otros tantos que se acuerdan de las gestas, de la épica escrita en papel de tinte sepia y aroma añejo. Se acuerdan de Merckx y evocan 1969, la ira y el hambre del «Caníbal» cuando lo holló soltando a su infiel gregario Martin Vandenbossche, que la noche anterior le había dicho que al año siguiente lo abandonaría y encima le atacó casi de salida. «Cuando los demás lleguen a meta, yo ya me habré duchado», amenazó Merckx. Aquella etapa era como la de ayer, Aubisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde, pero a la inversa. Fue en el Tourmalet donde atrapó a su obrero revolucionario y lo hundió.

En el mito hecho puerto que es el Tourmalet, olla a presión en un calor sofocante donde nada pasó entre los favoritos –76 kilómetros a la meta desde su cima eran excusa suficiente–, el odiado Voeckler empezó a convertirse en leyenda. Comenzó a cambiar el gesto de repudio que en la mayoría de aficionados provoca por uno de admiración. Hizo méritos para ello camino de Bagneres de Luchon. Su santuario. Allí ganó una etapa en 2010 y ha repetido ahora a modo de exhibición.

No fueron una sino cuatro las etapas que conformaron la 16ª para Voeckler. «Me lo tomé como cuatro carreras diferentes», confesó después. La del Aubisque primero, donde inmerso en una fuga de 38 corredores, con Gorka Izagirre brillante tercero y de nuevo en la pelea, Azanza, Egoi Martínez, Karpets, Rui Costa o Vinokourov y Hooglerland entre otros. Luego el Tourmalet, segunda etapa. Allí Dan Martin hizo el trabajo sucio y Voeckler, rezagado, logró alcanzar la cabeza y superar la criba junto a Brice Feillu.

Después llegó el Aspin, etapa más para los de la general, para Evans que ya sufría, un prolegómeno de su descalabro, para Ivan Basso, que reconvertido en gregario se desfondó por Nibali. En el fondo el Peyresourde, la impresionante, generosa y entregada marea naranja y el ataque en las primeras rampas de Voeckler a Feillu. Para qué esperar. «Me conozco estos puertos desde que tengo 19 años», justificó. Aquí corría cuando regresó de Martinica con su madre y tras la trágica desaparición de su padre en el mar. Volvió con el propósito de ser ciclista.

En esa última etapa también Nibali atacó aprovechando las últimas cuestas. Por dos veces sacó los dientes el «Tiburón», pero primero Froome y después Wiggins, líder poderoso y férreo, le anularon. Juntos llegaron a Bagneres de Luchon. Los tres vislumbran ya el podio de los Campos Elíseos con Evans estrellado.

Frank Schleck cree que fue envenenado
El único ciclista que no tomó la salida en la 16ª etapa, tras el segundo y convulso día de descanso, fue Frank Schleck. El mayor de los hermanos de la saga luxemburguesa puso rumbo a su casa la noche del martes después de que la UCI comunicara su positivo por el diurético Xipamide. La Unión Ciclista Internacional no podía, por ser una sustancia específica, sancionarle y dejó en manos de su equipo, el RadioShack-Nissan Trek, la decisión de sacarle del Tour. Así lo hizo, antes de que pasara por la gendarmería para ser interrogado.
Ya desde su domicilio y rodeado de los suyos, su mujer, su hija y también su hermano Andy, que asegura estar seguro «por mi vida y por mi familia de que Frank no ha tomado nada», Frank Schleck ha querido salir al paso de posibles especulaciones a través de un comunicado de prensa: «Niego categóricamente haber tomado cualquier sustancia prohibida», dejó claro. «Por ello, no tengo ninguna explicación para el resultado del control, así que insisto en efectuar un control de la muestra B, que es mi derecho».Si el contraanálisis resulta positivo como la primera muestra, que ha hecho saltar el escándalo y que le ha obligado a marcharse del Tour empañando para siempre su imagen, Frank Schleck está dispuesto a llegar hasta el final. «Una denuncia será planteada contra desconocidos por envenenamiento», avisó.