Crítica de cine / «Air Doll»: Plástico frío

«Air Doll»: Plástico frío
«Air Doll»: Plástico frío

Dirección y guión: Hirozaku Kore-eda, según el manga de Yoshiie Goda. Intérpretes: Doona Bae, Arata, Itsuji Itao, Jô Odagiri. Japón, 2009. Duración: 126 minutos. Drama.Todos sabemos lo que Berlanga y Azcona pensaban de las muñecas hinchables, aunque en «Tamaño natural», en realidad lo que importaba era el usuario de la mujer de plástico, el hombre solitario enfrentado a su propio deseo biodegradable, el acto de escuchar el monólogo del erotómano crepuscular. A Hirozaku Kore-eda no le interesa lo más mínimo indagar en los secretos de la sexualidad masculina, es un alma pura, una chica inocente que descubre la belleza del mundo a la vez que entiende lo que significa tener un corazón sintético. Es esta una película casta, sin perversiones: la muñeca es una metáfora de nuestra necesidad de depender, de relacionarnos con el otro. La sencillez con que Kore-eda retrata su despertar a la vida tiene que ver con un estilo que quiere maquillar lo fabulatorio con los tintes del naturalismo, estrategia que potencia el extrañamiento que provoca una premisa ingeniosa que se agota. Nozomi, que así se llama nuestra heroína, consigue empleo como dependienta de un video-club, e incluso logra enamorar a un compañero. Será su ingenuidad y su curiosidad ina-gotable por entender a los humanos la que animará el espíritu de una película que aspira a reflexionar sobre la soledad y la mortalidad y que no supera las limitaciones de su original punto de partida. Para entendernos, pisamos el mismo territorio que el Spielberg de «A.I, Inteligencia Artificial», en la que un niño robot intentaba suicidarse al ver que su corazón latía deprisa en comparación a la miserable raza humana. Se producía un descubrimiento cuya trascendencia empañaba la mirada de un inocente en un universo derretido; aquí tocamos el corazón de esta muñeca hinchable de carne y hueso y el tacto es frío, como de juguete de segunda mano.