Menos libertad de empresa

La Razón
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El ahora proyecto de ley de reforma de la negociación colectiva es un paso atrás respecto a las acuciantes necesidades que tienen nuestras empresas. Esta iniciativa básicamente refuerza la rigidez, incrementa la burocracia, fortalece al movimiento sindical y blinda a los dos principales sindicatos, frente a los empleadores que quedan (hemos perdido ya cerca de medio millón de empresas). El documento exige una clara enmienda a la totalidad porque su filosofía es desacertada, no sólo porque lo diga Europa, sino porque quienes crean empleo llevan tiempo pidiendo justo lo contrario. Es curioso porque el propio presidente Zapatero señaló a nuestra rigidez como la responsable de que en España se estuviera dando la paradoja de en un año en que se destruye un millón de empleos y la inflación se encuentra en tasas negativas, la remuneración por asalariado aumente en más de un 3%. No se equivocaba cuando reconocía que la rigidez actual de la normativa de convenios exigía reformas inmediatas. Esta rigidez es la causante de que cuando llega una crisis a España, el único elemento de adaptación es el despido, lo cual supone en muchos casos simultáneamente la desaparición de la empresa ante la descapitalización que le produce. Pero Zapatero ha vuelto a no ser consecuente.

En el capítulo de temas ignorados, figura el hecho de que se haga caso omiso a relacionar salarios con la marcha de la empresa; tampoco aborda medidas que limiten el magro absentismo injustificado que padece nuestro país; e ignora nuevas formas contractuales que invitarían a la contratación cuando hay motivos que lo pueden justificar. Por otro lado, se impide la flexibilidad interna al crearse un complejo sistema de consultas en el que participan las comisiones paritarias y los organismos de mediación y arbitraje. Se introduce a los sindicatos en las pymes a través de las secciones sindicales con entidad representativa para negociar. Se impone el procedimiento arbitral obligatorio (cuya constitucionalidad está más que en entredicho). Se concede un enorme protagonismo a las comisiones paritarias como órganos de gestión del conflicto, que dada su naturaleza sólo lo alargará o profundizará. No desaparece la ultraactividad y se exige a los convenios un contenido mínimo muy amplio que limita la libertad negociadora y dificulta los acuerdos en la empresa. Lamentablemente, de esta forma resultará aún más difícil que haya crecimiento económico y eso es negativo para todos.