Cuando «La Roja» es lo segundo

Taxistas, médicos , farmacéuticos... se las ingeniaron para seguir a la selección sin dejar el trabajo

La lluvia no pudo con la emoción
La lluvia no pudo con la emoción

Madrid- Fueron pocos, muy pocos los que ayer se perdieron el partido de la Roja. Empezando porque era decisivo para continuar en Sudáfrica, pero también contribuyó la hora y el día. Hasta ahora, todos habían caído entre semana y no siempre en buen horario. Sin embargo, ayer era sábado y a las 20:30 eran pocos los que tenían que hacer más cosas que ver a la selección. LA RAZÓN, sin embargo, estuvo con ese reducido grupo que tuvo que echarle mucho ingenio para ver los goles de Villa e Iniesta. Estuvo en los «otros» escenarios del Mundial.

DESDE EL HOSPITAL«Es una situación muy graciosa», explicaba Jesús instantes antes de que comience el partido en la puerta del Hospital Quirón. Con la camiseta de España en el hombre, cuenta que su mujer «dio a luz hace tres días», y ahora el niño está en neonatos, hasta que le desaparezca un pequeño virus. Cuenta que en el partido frente a Honduras su mujer «estaba dilatando, y le tuvieron que poner la epidural».Una situación parecida es la que están viviendo Alfredo y Raúl. En su caso, la mujer de Raúl tuvo a la pequeña Daniela el jueves, y tanto él como su amigo, por supuesto ataviados con la elástica de «La Roja» –aunque Alfredo llevaba la camiseta de Casillas–, llegaban diez minutos antes del inicio del partido al Hospital Quirón, con bolsas de un supermercado en las que «no nos falta de nada», exclamaban. Alfredo aseguró que estar en un Hospital mientras se juega un partido como éste es «una sensación rara». Por su parte, los que tienen que trabajar no les queda más remedio que cumplir. «Lo primero es el trabajo», explica Fernando, un médico que al que le tocó ir a ver a un paciente mientras los de la selección se la jugaban en Pretoria. Poco después Jorge salía corriendo. Mientras se enfundaba el casco de su moto, este fisioterapéuta explicó el motivo de sus prisas: «Me voy corriendo para ver algo del partido», indicó a falta de diez minutos para que tocaran las nueve. Detrás del fisioterapeuta, y también a trote, salía de la Quirón un hombre que acababa de terminar una sesión de «rehabilitación». «El fútbol me gusta pero lo más importante es la salud», indicó. Tenía la esperanza de llegar a una hora razonable a casa para ver el segundo tiempo. Mientras, en la puerta principal, Vicente y Pedro, no futboleros reconocidos, se fumaban tranquilamente un pitillo. A su lado un hombre aseguró estar esperando para entrar al hospital y al menos no perderse la «última parte del partido».

DE CARA AL PÚBLICOAún no eran las 20:30 horas en la comercial calle de Alcalá, pero ya empezaba a escucharse el ruido de las puertas metálicas de muchos comercios. «Hoy no pasa nada por echar el cierre un poco antes», explicaba un vendedor de zapatos de hombre. «No creo que venda ya mucho más», se excusaba con prisas.Los que no eran propietarios del negocio, no se atrevían, sin embargo a cerrar antes... sí a hacer caja y a recoger la mercancía. Así lo habían hecho en el mercado de la calle General Aranaz. Éste cerraba a y media, pero mucho antes del «toque de queda» los puestos estaban vacíos y las neveras llenas de pollos, conejos, ternera y salchichas. Pero aunque la mayoría de los comercios echan el cierre a las 20:30, a estas alturas del verano muchos tenían ayer «horario de verano». Era el caso de peluquerías, fruterías y tiendas pertenecientes a grandes cadenas de moda. Muchas cambiaron el hilo musical por los programas deportivos, otras no se saltaron las normas y sus dependientes sólo pudieron enterarse de los goles a través de los gritos que salían de viviendas y bares.Los comerciantes acostumbrados a hacer guardias eran los que estaban mejor preparados. En algunas gasolineras, una pequeña radio tras el mostrador narraba el partido. Más suerte tuvieron los farmaceúticos; en casi todas las farmacias, como la de Alcalá, 409, el España-Chile se vio, entre aspirina y aspirina, a través de pequeñas televisiones (muchas de ellas traídas expresamente para el partido) colocadas estratégicamente en las reboticas.

EN TAXI CON TELE PORTÁTIL«Soy muy fan de la selección española pero no pienso dejar de trabajar por ver el partido entero», explicaba ayer Alba, una de los mil taxistas que cada tarde se concentran en la bolsa de taxis de la Terminal 4 de Barajas a la espera de la llegada de vuelos cargados de clientes. La crisis ha pegado duro en este sector pero ayer por la tarde las penas, con fútbol, fueron menos. Algunos aparecieron con camisetas rojas con el nombre de España grabado en letras amarillas. Otros, decidieron exteriorizar su sentimiento colgando la rojigualda de las antenas. Todos los coches podían seguir el partido desde sus radios. Esa era la solución fácil. La otra posibilidad de ver a los de «La Roja» sin tener que tirar de tecnología pasaba por entrar a ver el encuentro desde una de las tres televisiones que hay en el único bar de esta zona reservada a taxistas en Barajas. A eso de las 20:30 horas el local estaba a rebosar. Algunos, incluso, para ver más de cerca las imágenes, se quedaron fuera siguiendo el partido desde la ventana del establecimiento. Una pequeña cornisa les mantenía a salvo del chaparrón que acompañó, en la capital, a la aparición de la selección.Otros, más equipados, tiraron de tele portátil. Fue el caso, por ejemplo, de Javi. Uno de los más jovenes, que consiguió reunir a un buen número de compañeros en torno a su taxi. La tormenta hacía que de vez en cuando la señal de su reproductor de DVD se perdiera. ¿La solución? Pegar el imán de la antena portátil al techo de chapa que resguarda a los coches de las inclemencias del tiempo.El primer gol, el de Villa, desató la fiesta entre los conductores. Los que estaban tranquilamente sentados en sus asientos escuchando el partido no pudieron evitar el bote de alegría. Después, fueron los sonidos de los claxon los que anunciaron a bombo y platillo que la escuadra española iba ganando. Aún quedaba otra sorpresa. Pasamos de fase y prácticamente nadie, a pesar de estar en plena jornada laboral, se perdió la victoria española en Sudáfrica.

La lluvia no pudo con la emociónLos afortunados a los que las obligaciones laborales no les impidieron seguir la última victoria de España tuvieron, sin embargo, que sortear la lluvia entre jugada y jugada de Villa e Iniesta. La segunda tormenta veraniega cayó con fuerza sobre la explanada junto al Bernabéu dónde se han instalado pantallas gigantes para seguir los partidos de «La Roja». Sin embargo, el chaparrón no aguó la fiesta a nadie. Muchos, previsores, acudieron a la fiesta ataviados con paraguas, gorros, chubasqueros o improvisadas bolsas de plástico. El primer gol llegó en la primera media hora de partido. Pero la afición no respiró hasta que conoció el resultado del partido que enfretaba a Suiza con Honduras. Los suramericanos empataron, pasabamos a octavos, suspiro de alivio en la Castellana. Al final España fue la «novia» del refrán: Mojada y afortunada.

Información elaborada por A.Castellón, M. Palacio y P. Poveda