Rendición incondicional

La Razón
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Cuando el Reich que iba a durar los mil años se desmoronaba y esta frase era tan sólo un monstruoso lema propagandístico, algunos dirigentes creían que sería posible un pacto con estadounidenses y británicos para atacar a la URSS. No querían la rendición incondicional que finalmente tuvo que firmar el almirante Dönitz, designado por Hitler como su sucesor y presidente del Reich. Las democracias occidentales no cedieron a la tentación, porque no se puede alcanzar ningún pacto con asesinos, genocidas o mafiosos. En el Gobierno y el PSOE hay miembros (y miembras como diría Aído) que creen que la rendición incondicional de ETA no es ni posible ni deseable. Han llegado al convencimiento de que basta una solución que signifique una rendición con honores sin que su «general» entregue el sable. Lo que ha sucedido con Bildu es un fiel reflejo de esa esperada «paz» que no es más que una claudicación. Los proetarras se sienten ganadores, las víctimas despreciadas y los que hemos salido a la calle hemos hecho el ridículo.