El pirata estaba en casa

La Razón
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Como decían ayer cientos de mensajes en las redes sociales en referencia a la detención de Teddy Bautista y la cúpula directiva de la SGAE, el pirata estaba en casa. El cazador de usuarios de fiestas familiares y de homenajes a las víctimas del terrorismo o el propio Gila, había sido cazado, y la corte corifea de seguidores-vividores del reinado del ex líder de Los Canarios miraba para otro lado, al tiempo que guardaba un sospechoso y cómplice silencio. La comandita estaba bajo el punto de mira de la Fiscalía Anticorrupción, la Guardia Civil y el titular del Juzgado Central número 5 de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, sustituto de Garzón al frente de esa Sala. Bien arrepentido debe de estar el magistrado prosocialista al haber aceptado el caso e incoado las primeras diligencias sobre Teddy y los suyos, pero así es Garzón. También callaban Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos, Miguel Bosé, la familia Bardem y la ministra de Cultura, Ángeles Sinde, así como Rosa León, Cristina Hoyos, Teo Carralda, Caco Senante, Ana Diosdado, José Luis Borau, Yolanda García, Blanca Li, José Luis Cuerda, José Luis Rodríguez, Ricardo Azcoaga, Enrique Loras y muchos otros pseudoprogresistas que se enriquecieron bajo los mandatos de Bautista cuando no formaron directamente parte de sus juntas directivas en la SGAE. En Murcia hay algún que otro apéndice de ese entramado, del que hablaremos en breve. Pero uno siempre ha defendido la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario y no voy a aprovechar esta situación para saltarme la norma, el pilar básico en el que se sustenta el Estado de Derecho. Teddy y los suyos serán culpables si se demuestra, porque de momento son inocentes o presuntamente inocentes. Otra cosa distinta son las prácticas llevadas a cabo por la SGAE y sus dirigentes en las últimas décadas y es ahí donde me quiero detener. Los creadores y los artistas tienen todo el derecho del mundo a que tanto su trabajo como su autoría sea respetada, por eso la SGAE es una herramienta que puede ser útil si funciona correctamente. Al arte y al creador se le debe proteger, no saquear, que es lo que se investiga y es donde posiblemente Teddy Bautista y los suyos acaben sus días. Es un hombre despótico, autoritario y escasamente progresista, que compraba voluntades si querías seguir teniendo un bolo en algún pueblo de España. Ese nepotismo tenía que acabar al precio que fuera y bienvenido sea que el bye-bye Teddy que ahora entonamos sea el principio del fin de una era que nunca debió existir, por los creadores y sus trabajos. Ya tocaba este final de película cuyo título bien podría ser: «Los piratas de Longoria». Por lo que se conoce de la investigación podría haber un desvío de capitales hacia entidades creadas por el propio Teddy Bautista con el fin de hacer la competencia desleal a empresas de internet e informática. También se sabe que los fondos recaudados en concepto de IVA eran destinados a la financiación de las entidades de esa trama, dos aspectos claramente tipificados en nuestro Código Penal a los que Teddy Bautista se enfrenta con escaso margen de salir indemne. Pero los que conocemos estos asuntos también sabemos que al tirar del ovillo suelen aparecer muchos otros delitos en forma de facturas falsas o documentos públicos manipulados. Pero todo eso es trabajo del juez, en todo caso lo que ahora toca es felicitarnos porque se ponga luz y taquígrafos en un asunto que era un escándalo nacional y un secretos a voces. Bienvenida la verdad en algo que estaba en boca de todo el mundo, especialmente de los creadores.