Gobierne señor Rodríguez

La Razón
La RazónLa Razón

Si no manda nadie, porque uno no termina de irse y el otro no acaba de llegar, lo patriótico sería adelantar los comicios. Es lo que le exige el contrato que tiene usted con los españoles que le dieron una mayoría suficiente en las generales de marzo del 2008. Y gobernar es tomar decisiones, no vender eslóganes y frases huecas. Usted no está y a su delfín no se le espera hasta que llegue el momento de la campaña electoral. Entonces, como preguntaba en aquel cuento el comerciante moribundo que tras comprobar que todos sus hijos estaban alrededor de su cama, ¿quién coño está en la tienda? Si no manda nadie, porque uno no termina de irse y el otro no acaba de llegar, lo verdaderamente patriótico sería adelantar los comicios y que sean los ciudadanos, ejerciendo la única democracia real, la de las urnas, quienes decidan. Agotar la legislatura, tal como vamos, es llegar exangües a marzo del próximo año. Los indicadores económicos nos siguen diciendo que mareando la perdiz, como está haciendo el Gobierno ahora mismo, es imposible remontar el vuelo. El crecimiento de España es sencillamente ridículo si se compara con aquellos países que han comenzado a salir de la crisis, y las cifras del paro son una auténtica bomba de relojería, y en lugar de tomar medidas serias y estructurales, asistimos a una frivolización del discurso con ministros poniéndose a la cabeza de la manifestación de los autodenominados «indignados» como si la política de los últimos siete años no la hubieran hecho ellos. Cuando comenzó esta movida del 15-M advertí desde esta misma columna del peligro que suponía jugar con fuego. Hoy los antisistema se han hecho con buena parte del control de este movimiento al que se acercaron muchas personas de buena fe, y el discurso contra la democracia representativa empieza a ser más que inquietante. La responsabilidad de los políticos, sobre todo de quienes ostentan el poder, y de los medios de comunicación, es inmensa. Ya sabemos que las alternativas a la democracia sin apellidos son aterradoras. La Historia esta plagada de ejemplos que no voy a reproducir para que nadie me tache de catastrofista, o de algo mucho peor. La descalificación general del sistema es el mejor caldo de cultivo para visionarios y arribistas, y por ese camino no se va a ningún buen puerto. Cortar esta peligrosísima deriva está en manos de quienes tienen influencia en la opinión pública, empezando por el Gobierno, que no puede ser cómplice por omisión, cuando no directamente por acción, a la vista de algunas declaraciones públicas de altos dirigentes del PSOE, sobre todo de aquellos que se sientan en la sala del consejo de ministros. Y quien tiene la máxima responsabilidad de romper esa dinámica y centrarse en las reformas tan anunciadas como pendientes no es otro que usted, señor Rodríguez Zapatero. Gobierne, o deje que lo haga quien decidan los ciudadanos. Diez meses de parálisis, y por lo tanto de deterioro, sólo servirían para que la herencia que reciba su sucesor empeore hasta el punto de lo insostenible. La hora de los cálculos electorales ha pasado, sobre todo después del revolcón del 22 de mayo. Es la hora de dar respuestas a los indignados, que son muchos más de los que salen a las plazas y calles.