Es aprovechable por José Luis Requero

La Razón
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En sus primeros momentos tuve simpatía por lo que luego se llamó el 15-M o los «indignados». Había motivos más que suficientes para estar indignados, porque causa indignación el paro, que no haya futuro para la juventud, que un bien de primera necesidad –la vivienda– sea un lujo; indigna que a base de abusos y privilegios, haya grupos de poder, profesionales o económicos que encarecen la vida, indigna ese ejército de políticos que han hecho de la política su medio de vida y cuyas prebendas pagamos, etc.

Motivos haberlos, los había y los hay. Basta leer cada día la prensa, incluso la del corazón. Pero la espontaneidad inicial dio paso a un movimiento antisistema, cuajado de oportunismo y chulería. La debilidad y la conveniencia del entonces gobierno deslegitimaba a nuestro sistema político y el Estado de Derecho quedaba marginado. Se consintieron delitos de desobediencia contra los derechos fundamentales; se cometieron innumerables infracciones administrativa; se causaron daños a comerciantes o a bienes públicos.

En la era de las globalización se abría paso una nueva forma de agitación y la manipulación de masas, algo que no debía sorprender tras la experiencia del 11-M más 12 y 13-M. Todas aquellas concentraciones ilegales, aquellos asentamientos chabolistas en el corazón de Madrid, tenían la bula por rezumar cierto aroma a «superioridad moral» de todo lo que, de alguna forma, se identifica con la izquierda. No sé si el 15-M tendrá algo aprovechable, pero si lo tiene debe abandonar ese aire de marginalidad, no puede quedar en un problema de orden público, debe salir de ese atolladero.