Un pulpo de feria

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Son ya muchas las campañas electorales para que los candidatos sepan varias cosas: primero, no estamos sordos por lo cual no es necesario que nos hablen a gritos, como Tomás ¿quién?, que ya está poniendo a prueba sus cuerdas vocales y también su sentido del ridículo al fotografiarse con un señor vestido de pulpo Paul, que profetizó que va a ganar. Tomás ¿quién? se lo cree; es más, tiene la obligación de creérselo después de casi descoyuntar a su partido con unas primarias. Pero ponerse al lado de un pulpo de feria, como que le quita prestancia para presidir la Comunidad de Madrid. A Jaime Lissavetzky todavía se le ve como lo que no es: secretario de Estado para el Deporte. Pero lo sigue pareciendo, que hizo una conga con Tomás y José Blanco propia de haber ganado el Mundial. El imaginario socialista es poca cosa sin una rosa roja, por lo que no podía faltar el reparto de rosas a potenciales votantes. Tomás ¿quién? las repartió por Sol con una sonrisa kilométrica, quizá se olvida de que las rosas tienen espinas. Como ayer fue un día de imágenes, y los que quedan, Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón presentaron los «PPbuses» o si se quiere los «antiZapaterobuses». Lo siento, pero el azul popular, tiene un tono «azul bebé» que me echa para atrás. Aguirre no habla en clave regional, habla en clave nacional y nos recuerda lo mal que lo están haciendo los socialistas en el Gobierno, en las comunidades, en los ayuntamientos... hasta en sus casas. Su matrimonio con Madrid no puede ser más estable. Otra cosa es Gallardón, más rígido en las formas, se le nota que no se encuentra cómodo en las campañas electorales. Eso sí, pronuncia los discursos en un tono perfectamente audible para el oído humano. Nada de gritos, sabe que al electorado se le espolea con hechos y no con gritos.