El mayor orgullo de Zapatero por Martín Prieto

La Razón
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Cuando ya hasta su propio partido le había descabalgado del caballo, un medio informativo le preguntó a Rodríguez Zapatero cuál era su mayor satisfacción en estos siete años de gobernación. Contestó: «El matrimonio homosexual». Nunca me tocó la homofobia y cuento con entrañables amigos gays, como el ex ministro de Educación socialista Jerónimo Saavedra al que he tenido bailando tangos con la doctora, y alguna de sus dramáticas vicisitudes me tocaron el corazón. Pero con un Presidente del Gobierno con casi dos legislaturas que han resultado como una película de catástrofes en «Sensurround» y moviéndose las butacas, el mayor orgullo de ZP resulta el de la reivindicación del tercer sexo. Es una inflexión en la ignorancia, una falta de estudio de los papeles, unos de esos versos sueltos que le gustan y un irreflexivo romanticismo trasnochado. Es cierto que en España cualquiera puede ser Presidente. Ningún mandatario del mundo sería capaz de tamaña cursilería. Siquiera aludió a su feminismo de juguetería en el que nunca nombró a una bajita y obesa. Mi amigo Alberto Ruiz Gallardón, si no muestra su perfil izquierdo sufre hemiparexia. El Partido Popular pidió consulta al Tribunal Constitucional, no sobre la homosexualidad, que carece de problemas jurídicos en España (no es pecado nefando), sino sobre la calificación de matrimonio a otras legítimas y respetables uniones civiles. A lo mejor resulta que lo de irse al notario con las alianzas y el ramito termina por desembrocar este asunto hormonal. El matrimonio heterosexual no lo inventó Franco, viene de la noche de los tiempos y Julio César, gran bisexual, casó con Cornelia y no con sus generales o efebos. El derecho matrimonial romano inunda nuestra legislación y ampara la génesis sobre el placer. Pero ya se sabe que el matrimonio es una plaza sitiada: todos los que están dentro quieren salir y todos los que están fuera quieren entrar.