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Kurkova desbancó desfilando a Irina por Jesús MARIÑAS

Aparte de la pasarela con los vestidos de Pronovias que desfilaron el viernes en Barcelona, a Julio José Iglesias –que apenas dio conversación a su novia Charisse– le atrajo la mujer de Christian Gálvez. Pasó de sus hermanastras, Tamara Falcó y Ana Boyer, ya clónica de su señora madre, doña Isabel la incorruptible.

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Por Preysler no pasa el tiempo y los años van agudizando la semejanza. Es un espejo en el que ellas se reflejan desde su juventud. La mayor iba vestida de plateado con aire helénico y la menos rellena, Anita, con una especie de túnica blanca. No dejaron de observarlas Estrella Salietti –con gargantilla aderezada de diamantes negros– emparejada a un Carlos Martorell de terciopelo en tonos crepusculares. Ana Rodríguez casi competía en frescura con su hija Amelia Bono. La coruñesa parecía salida de una cura con la rehabilitadora Maribel Yébenes. «Es por el muerto que te has quitado de encima», la piropearon. Pero a ella le sentó fatal, enfundada en cinco volantes de gasa grisácea que la realzaban a tope. Amaia Salamanca lucía más delgada por su trabajo en una película barcelonesa «que empalmaré con nueva serie histórica para Antena 3», explicó. María Juncadella destacó en granate y Claudia Osborne, luciendo azul salpicado de azabache.

Comparé a dos monstruos como Karolina Kurkova e Irina Shayk, la impresionante y sexy novia de Cristiano Ronaldo, que era nueva en esa plaza y en lo de desfilar. De ahí la supremacía de su nada colega, que le puso alto el listón porque es lo más en las pasarelas del momento. A Irina la colocaron dentro del pelotón, con su característica melena recogida en moño alto, y costó descubrirla. Estaba irreconocible y con cara de fastidio. Jugaba en campo contrario y ante un rival que, como el Barça, es «más que un club». «En la costura y la moda ocurre como en el fútbol: no hay color», resaltó el presidente Artur Mas. Su esposa Helena comunica como no lo hicieron sus predecesoras. Les gana en gancho, proximidad y «saber fer». Como Karolina a Irina, que aunque no perdió arrogancia, tampoco pudo esconder el malestar que se traslucía en sus ojos verdes fulminadores. Algo que comprobaron Luis Tosar, emparejado a la dulce Marta, Vega Royo y Alejandra de Rojas, que reconquistó terreno ante el halo desencantador que dejó su sucesora Amanda Hearst. Ahí avasalló España con tal bellezón que, encima, tiene ironía, estilo y señorío. Aunque no se apellida Hearst.