Crítica

Diamantes cantantes

La Razón
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«Los diamantes de la Corona»de Barbieri. Y. Auyanet, A. Ordóñez, M. Rodríguez-Cusí, A. Montserrat, C. San Martín... Orquesta de la Comunidad de Madrid y Coro del Teatro de la Zarzuela. J.C.Plaza, direc. de escena. C.Soler, direc. musical. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 2-V-2010.

El nuevo espectáculo que presenta la Zarzuela se ha cuidado en todos sus detalles. En plena mitad del siglo XIX nace lo que puede denominarse «zarzuela grande» como una especie de reacción a la ópera italiana, que trata de concebir algo similar de carácter propio. «Los diamantes de la Corona», estrenada en Madrid en 1854, se inscribe en esa tendencia. Sus tres actos contienen un libreto, extenso y banal, que no da para tanto. José Carlos Plaza lo ha recortado con muy buen criterio y realiza un trabajo actoral de primera. Los decorados, abigarrados y de carácter historicista, encajan bien con la trama. A partir de ahí se consigue montar una zarzuela como se debe, con intérpretes que canten y actúen, algo poco frecuente porque siempre se suele fallar en uno u otro aspecto. Números musicales y texto quedan compensados, habiendo entre los primeros arias, dúos y concertantes de buena factura aunque también algunos en los que Barbieri no logró empastar las diferentes líneas melódicas concurrentes. Desconocida vena cómica Hay que empezar por citar al tenor Antonio Ordóñez. Realiza un trabajo actoral espléndido como Conde de Campoamor, con una vena cómica que no le conocíamos, y muestra aún solidez en la gran voz que tuvo. Yolanda Auyanet, Marina Rodríguez-Cusí y Albert Montserrat completan los personajes principales con la mencionada gran virtud de aunar canto y escena. La primera posee una voz que ha ido evolucionando de ligera a lírica, segura en todos sus registros y de clara dicción. Rodríguez-Cusí es baza segura en cualquier papel de mezzo de características como Diana. Ambas recrean el bolero «Niñas que a vender flores vais a Granada...» con la gracia precisa. Cristóbal Soler dirige correctamente, con alegría y buen volumen, una representación que se escucha con mucho agrado, sobre todo en su tercer acto.