Los comunistas tienen cuñao por Pedro Narváez

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Ya tenemos fórmula de Izquierda Unida para acabar con el paro en Andalucía: colocar a sus familiares. Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas), dice el poema de Dámaso Alonso. Andalucía es ya una comunidad de 1,4 millones de zombis, parados, células durmientes a las que IU activa de cuando en cuando para hacer un desfile de modelos de clase rumbo a una urna. A la Junta hay que llegar con la respuesta aprendida a la siguiente pregunta, ¿y tú de quién eres? Hasta ahora se hablaba de repartirse la tarta salida de las elecciones pero lo que viene es el reparto del jamón. Funcionarios pata negra. Altos cargos con visa oro del que cagó el moro. El imaginario supone a los familiares de los comunistas como unos braceros que trabajan de sol a sol explotados por la duquesa de Alba. Pero los elegidos para la gloria de un trabajo en la Junta teniendo en cuenta la escasez de una vacante son «profesionales con curriculum intachable», como esa decena de talentos que cualquiera tiene a su alrededor y que quiere trabajar y no puede, entre otras cosas porque vienen estos hijos de la ira calmados con el lexatín del trabajo fijo y les roban el curro. Sánchez Gordillo, el hombre a un pañuelo palestino pegado, balbuceó una protesta. Le corona la coherencia, aunque se sentaría en el trono si se fuera o expulsara con esa lengua de látigo a los mercaderes de su templo sagrado, él que es ateo. Lo único que esperamos ya de Valderas, el socio de Griñán, es que entreabra los labios, muestre su boca mellada y diga cuñaaaaaaaaao. Y así, con el disimulo del vuelo folclórico y la risita del bar, los trileros nos dan lecciones de ética en el campanario de un basurero.