El Rey valor y precio

La Razón
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El debate, impulsado por una estrategia redentora del Partido Popular, está centrado en el ahorro. Hay un safari del ahorro que trata de fumigar números rojos como Hemingway decía que cazaba elefantes. No habrá concejales, habrá ascetas que sólo beben el agua de los ríos y se alimentan mirando a los gorriones. Los dirigentes lucirán en el escaparate una conciencia más limpia, pero es inútil esperar que todo mejore si sólo seguimos una cura de ahorro. Está muy bien ahorrar (técnicamente es más gratificante producir, distribuir y sobre todo cobrar) pero un país es mucho más que saber meterse las manos en los bolsillos y no sacarlas ni para atarse los cordones. Un país es, en el caso que nos ocupa, un Rey que viene desde el pasado para llegar con su pueblo hasta el futuro. El Rey, ya que estamos con la epidemia de lo esencial (la sanidad, la seguridad y la educación dicen que son lo esencial), resulta más económico para el Estado que el Consejo Audiovisual de cualquier comunidad autónoma. Uno puede ser republicano, pero no estúpido para percibir los servicios que presta la Casa Real y los enredos con los que justifican sus canongías miles de covachuelistas. Los proetarras han descolgado el retrato de Don Juan Carlos y el problema del país ha adquirido una dimensión funeral, más profunda que la del hallazgo de un nuevo agujero en un balance contable. Las cuestiones esenciales, como ésta, trascienden el dinero. El Rey es el valor. Casi todo lo demás, precio.