La polémica foto a Mabel Lozano por Jesús Mariñas

Mabel Lozano y Eduardo Campoy, en la entrega de la Medalla de Oro 2012

Todo ocurrió la noche en la que se homenajeó en el Casino de Madrid a Manuel Gutiérrez Aragón. Le realzaron las caras bonitas de Ana Belén, en rojas gasas Sybilla, y Ángela Molina, uno de los rostros más importantes de nuestro cine. Se entiende que enamorase a Buñuel, aunque ahora su bellezón tiene perfiles trágicos. También estuvo Amaia Salamanca, un buen contrapunto al aire de la gélida Grace Kelly. Mujeres que hacen historia como un barbudo Paco Algora, que vive en Véjer de la Frontera, pero «no jubilado», subrayó evocando «Habla, mudita», su primera película con Aragón. Lo hizo ante un Luis Tosar a punto de estrenar «O apostolo», una cinta basada en el Camino de Santiago, y muy cerca de José Coronado, quien no sabía dónde colocar el casco de su moto. Se suele mover en Harley, pero esa noche optó por un modelo más modesto. Allí también se vio a Vladimir Cruz, inolvidable en su tierno papel en «De fresa y chocolate», que debutará como «Don Juan Tenorio», una obra casi desaparecida de los repertorios escénicos. Pérez Puig lo mantuvo como tradición en el Teatro Español, algo que Mario Gas hizo desaparecer.
Volviendo a la entrega de Medallas de Oro 2012, Carmen Chacón fue entrevistada durante el acto por un equipo de La Sexta para un programa que pronto verá la luz. Ante unas imágenes masculinas le preguntaron: «¿A quién se llevaría al catre: a Brad Pitt o a Hugh Grant? «No sé, los dos son buenos». «¿A cuál desnudaría?». Chacón apenas balbuceó y casi se excusó ante una Carmen Alborch fiel a un Miyake mítico y Ángeles González-Sinde, que brillaba con lentejuelas verdes como no lo hizo al frente del Ministerio de Cultura. «Creo que yo no sirvo para esta encuesta, me lo estáis poniendo muy difícil», argumentó Chacón.
Desbandada general
Estaba perpleja y desconcertada como algunos homenajeadores de Gutiérrez Aragón con la conducta de los presuntos relaciones públicas de Zenit Comunicación. Una fotógrafa hasta lloró ante su maltrato lleno de malas maneras con los medios. «¿Cómo se te ocurre pedirle a Mabel Lozano que pose con su marido Eduardo Campoy?, ¿quién te has creído que eres?», le recriminaron a la profesional. Ella murmuró: «Es que somos amigos y a mi revista –«Pronto»– les sirve más una fotografía de ellos juntos», dijo excusándose por realizar un trabajo bien hecho. Es una veterana. «Aquí mandamos nosotros y decimos qué hay que hacer, qué os habéis creído», la conminaron mientras recolocaban a cámaras, periodistas y fotógrafos tras un reducto como si estuviéramos ante los Reyes. Fue de película de terror ante la impasibilidad de los contratadores. Entiendo que nuestro cine vaya tan mal. Pareció un anticipo de Halloween al demostrar qué lejos están del espectador y la calle. Me uno a la desbandada.