Sonría por favor

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«Si no sabes sonreír, no abras tienda», ha sido el proverbio de Zapatero en el poder, arrebatándoselo a los chinos. No había foto en la que el presidente no ofreciera sonrisa y talante, desde que llegó a La Moncloa. A base de foto y sonrisa pensó perpetuarse en palacio. Eran los tiempos del cuento de la lechera, en los que Rajoy auguraba que «la sonrisa de Zapatero nos va a llevar al cachondeo padre» y nadie le creía. Los tiempos de la risa beatífica zapateril, como la de un buda. La del gratis total. Risa seductora tanto como la de Felipe. Luego emergió la sonrisa desconcertante, quizás la más peligrosa. 7.000 nuevos parados al día, y él seguía sonriendo. Para acabar en el padre y la madre que predijo Rajoy. El líder de la oposición es hombre de certidumbres, tranquilo pero seguro en sus predicciones. Anticipó la hecatombe de la sonrisa de ZP con el mismo aplomo con el que predijo la crisis.

La crisis le cayó a Zapatero como un plomo en las alas, y en la sonrisa. Las últimas fotos –esas que van entre el final de la presidencia europea y el comienzo del tijeretazo– han recogido el tormento del hombre que está en el corredor de la muerte, con la sonrisa helada, el rictus grave y el gesto solemne, una vez hubo de abandonar sus prédicas rojas, ahíto de darle matarile a pensionistas y asalariados. Las fotos retrataban abatimiento, zozobra, pesadumbre, desabrimiento. Entre el descrédito y la sensación de desnorte. Hasta Felipe dijo que a Zapatero se le notaba el peso de la crisis.

Y en esto, y aquí estamos, emergieron los asesores. He aquí su razón de ser. 650 tipos coincidiendo al unísono en un mismo consejo no pueden equivocarse: el presidente tiene que volver a sonreír –le han dicho–, tiene que recuperar su talismán, y con él, todo el Gobierno. Esto es consigna. Ningún ministro ha de dejarse fotografiar abatido. Hasta Rubalcaba y Blanco han de aparecer risueños. Tiempos de máscara, de sonrisa dibujada en una careta de cartón, que esconde otra verdad esquiva.

Y ahí les tienen a todos. ¿De qué ríen De la Vega, Salgado, Chaves, Moratinos, Sebastián...? ¿De qué ríen, a mandíbula batiente, Chacón o Trini?

Al final de su mandato, de Zapatero podremos escribir el diccionario de las risas. Ha pasado por todas. Primero sincera –en la apoteosis de su época mesiánica–, luego coqueta, desdeñosa, misteriosa y más tarde amortiguada, falsa, temerosa, triste, nerviosa... ¿Cuál es la risa actual de Zapatero? ¿De qué y por qué se ríe el presidente? De qué, no sabemos. El porqué es como siempre, por las fotos. He ahí como se explican tantas frases y poses sin sentido. Esto es lo último. La risa sarcástica, la que no se cree ni uno mismo. Decía Benavente, insigne autor de comedias, que no hay nada más difícil que saber cuándo uno debe reírse y de lo que se debe reír. Ardua tarea, creánme. Para ZP era más sencillo antes, cuando sólo bastaba reírse de la nada.