«Este peso debe ser repartido entre toda la UE»

Cuando por el horizonte comenzaron a avistarse decenas de barcazas de inmigrantes la semana pasada los habitantes de la isla italiana de Lampedusa estaban solos. Nadie había previsto que la inestabilidad tunecina podía impulsar a miles de ciudadanos a dejar su país aprovechando que la Policía había dejado de controlar las fronteras

 
 

En pocos días han desembarcado en Lampedusa más de 5.500 inmigrantes. Los recién llegados eran acogidos donde había hueco. El sacerdote Stefano Nastasi ha albergado en su parroquia a 400 ilegales, la mayoría de los cuales fueron el domingo transferidos a otras zonas de Italia.

–¿Cómo está ahora la situación en Lampedusa?

–Estamos en un momento de tregua. Se ha reducido el número de pateras, pero dentro del pueblo hay 2.000 inmigrantes todavía. Otros 3.000 han sido trasladados a los centros de acogida de Sicilia y de otras regiones. La situación se mantiene más o menos tranquila porque prevalece el buen sentido. Hasta ahora tanto los indocumentados como la población local se han comportado de manera ejemplar. Esperamos indicaciones del Gobierno para saber cuál será el estatus jurídico de estos inmigrantes y qué pasará con ellos. Si se trata de personas que huyen de una situación desesperada, no sé hasta que punto hay que impedirles que lleguen. Lampedusa podría ser una vía de tránsito hacia otros países europeos. Se trata de un peso que debe ser compartido por toda la UE.

–¿Era previsible que una oleada así pudiese producirse?

–Viendo la situación de Túnez, en estos últimos tiempos podía pasar algo así, pero no con estos números ni con este ritmo. Nunca habíamos visto antes en Lampedusa un flujo así. Hay que esperar para saber si continúa este fenómeno o disminuye.

–¿Se han sentido olvidados?

–Al principio sí, de hecho estábamos solos. Antes de que se reabriese el centro de internamiento para extranjeros ofrecimos los locales parroquiales, como también ha ocurrido con los municipales, para brindar una primera acogida. No son espacios adecuados a este tipo de emergencia, pero era lo que teníamos. En las dependencias parroquiales hemos albergado a 400 inmigrantes. Son todos muy jóvenes, entre los 20 y los 30 años.

–¿Qué cuentan los tunecinos que ha acogido en su parroquia?

–Vienen de un momento de angustia en su país. Son personas que trabajaban y tenían una situación más o menos estable, pero con la crisis y la pérdida de sus empleos han decidido emigrar y reunirse con sus familiares y amigos en Francia, Alemania o en otros países europeos.