Sólo aplausos de cortesía

Era el discurso más esperado de la noche. Álex de la Iglesia se enfrentaba, por decisión propia, a su última intervención como presidente de la Academia de Cine: «Dicen que, he provocado una crisis, que en griego, significa cambio». El anuncio de su dimisión para después de la ceremonia fue controvertido, y un mes después, su discurso no lo iba a ser menos.

De la Iglesia y Sinde, a su llegada a la ceremonia
De la Iglesia y Sinde, a su llegada a la ceremonia

«Puede parecer que llegamos a este día separados por distintas opciones en temas fundamentales. Y es que hacemos mucho ruido, pero es que, en este caso, hay muchas nueces». La norma «antipiratería» recientemente aprobada en el Senado fue el gran tema de sus palabras. Como ocurrió en el proceso de negociación de la misma, el director defendió su papel como puente entre los autores y los denominados «internautas». De la Iglesia reivindicó que «las reglas del juego han cambiado» y que «tenemos unos derechos pero no podemos olvidar nuestras obligaciones, y nos debemos a nuestro público». Sobre la escasa asistencia a las salas para ver cine español en nuestro país, aseguró que «el público no va al cine porque está delante de un ordenador», aseguró.

Pero el cineasta, además de la autocrítica a la que nos tiene acostumbrados, también se mostró optimista al asegurar que internet no sólo es «el presente, la manera de comunicarse, compartir y entretener que utilizan millones de personas», sino que, predijo que «la salvación del cine español está en internet», precedido de un rotundo «no tengo miedo». La relación entre la ministra de Cultura y Álex de la Iglesia fue más que cordial a la entrada de la gala: ambos se mostraron cercanos. Sin embargo, De la Iglesia no se mostró arrepentido por sus formas de dejar la Academia, sin notificación oficial, e, incluso, se permitió darle un recado a González-Sinde: «Si queremos que nos respeten, hay que respetar primero».

Finalmente, celebró el oficio, y les aconsejó a los nominados: «Qué más da ganar o perder si podemos hacer cine. Somos más de 30.000 personas que trabajamos fabricando sueños». Álex, buscó el apoyo de sus compañeros, pero no encontró el aplauso deseado. El director de la Academia de Cine murió matando, quiso desear suerte a su sucesor, «que, desde ahora, me cae bien».