Violeta: la viuda rosa

Fue una de sus discusiones lo que propició «la noticia» del verano. Él se acababa de escapar de un centro de desintoxicación de Alicante y, como otras tantas veces, la llamó. Cuentan quienes conocían a Antonio Puerta que su relación con Violeta Santander era fuerte

Aunque no tuvo fuerzas para acudir al tanatorio durante el miércoles, ayer sí salió de su casa de Aranjuez para dar el último adiós al que fuera su novio
Aunque no tuvo fuerzas para acudir al tanatorio durante el miércoles, ayer sí salió de su casa de Aranjuez para dar el último adiós al que fuera su novio

«Se querían muchísimo, pero no es fácil conseguir una estabilidad con una persona enferma», explican. Por eso, sus rupturas y reconciliaciones eran continuas. Además, sus entradas y salidas de centros donde trataba Antonio sus adicciones tampoco ayudaban a llevar una relación convencional.

La gota que colmó el vaso fue el encontronazo con Jesús Neira. Violeta siempre defendió que su pareja no la maltrataba y que no la estaba agrediendo ese día. Simplemente, tenía enfrente a una persona enferma y en una situación límite. Después vino la cárcel y sus platós de televisión.

Demasiado para ella. Cuando el pasado miércoles conoció la noticia, se vino abajo. No debía de haber intentado hablar con él en las últimas horas porque no sabía nada. Ningún miembro de la familia Puerta le había comunicado la noticia. Se enteró por su hermana y ésta porque una periodista llamó a su casa para preguntar qué tal se encontraba Violeta. Se puso muy nerviosa y no encontró fuerzas ni para acercarse en todo el día al tanatorio de la M-30 a velar el cuerpo del que había sido su novio. Quizás tampoco quería encontrarse con la familia de Puerta, con la que se rumorea no tenía ya buen trato. Pero ayer, ya más calmada –probablemente por los efectos de algún medicamento–, sí quiso dar el último adiós a Antonio en el cementerio de La Almudena. En su casa, un chalé adosado a las afueras de Aranjuez, ayer estaban las persianas bajadas y una voz femenina decía a través del portero automático que no había nadie. A pesar de haber ido a televisión (tanto Violeta como su padre), ayer no querían hacer declaraciones. Quizás no era el momento o, a lo mejor, ya habían pactado alguna entrevista en exclusiva que no le permitía hablar con otros medios. Violeta, que tramitó hace poco una baja laboral a través de Correos, no se deja ver mucho por las zonas comunes de la urbanización. Aunque ya llevan algo más de siete años viviendo allí, nadie parece tener trato con ella. «Desde que salió en televisión apenas sale de casa», comentaba una vecina. «Dicen que le vino grande».