África

Las milicias siembran el caos en la nueva Libia

La guerra en Libia terminó hace medio año, pero el país sigue siendo un paciente enfermo con síntomas que hacen pensar que podría convertirse en una nueva Somalia. Así lo vienen advirtiendo diversos analistas en los últimos meses a tenor del caos y la violencia desatada desde la caída de Gadafi. 

El gobierno interino, el Consejo Nacional de Transición, se muestra incapaz de atender las demandas básicas de la población. Las milicias armadas y los jefes tribales imponen su ley en diferentes zonas del país y se han documentado episodios de limpieza étnica y violación de los derechos humanos consentidos por las autoridades. Mientras tanto, el dinero prometido para la reconstrucción no llega al ritmo deseado.

«La cultura de la era Gadafi sigue viva en mi país», denuncia Mahmud Yibril, ex primer ministro en los meses de la guerra, en una entrevista a LA RAZÓN durante una visita reciente a Madrid. Amnistía Internacional ha documentado «el horror» que se vive en los centros de detenciones libios, donde la tortura aparece como una práctica habitual. Otra de las pesadillas de la Libia post-Gadafi es la gran cantidad de armas que llegaron durante la guerra y que ahora están en manos de la población.

El Gobierno, ayudado por una misión de la ONU, no tiene manera de requisarlas. «Para que los jóvenes entreguen las armas hay que darles alternativas y trabajo», argumenta Yibril, quien considera necesario hacer un reconocimiento público a los «luchadores por la libertad». Yibril se enfada si se les llama rebeldes.

La venganza contra determinados segmentos de la población también ha sido denunciada por las ONG desde que acabó la guerra. En Tawargha, con una amplia población de ciudadanos negros, se ha producido una persecución contra este colectivo, considerado leal a Gadafi y promotor, a juicio de las milicias, del cruel asedio a Misrata durante la guerra.

En la localidad sureña de Kufra se produjeron más de cien asesinatos en enfrentamientos de tribus en febrero. «El gobierno se ha demostrado incapaz para detener esta ola de violencia provocada por los grupos armados», explica en conversación telefónica a este periódico Diana Eltahawy, investigadora de Amnistía Internacional para el norte de África.

Hace dos semanas hubo nuevos brotes de violencia en Kufra con un saldo de diez muertos. Un barrio habitado por vecinos de la tribu negra de los tabus fue atacado por milicias árabes con ametralladoras, afirma Eltahawy. En la ciudad de Sabha murieron en marzo más de 150 personas por la violencia de grupos descontrolados contra esta minoría, que ya fue discriminada por el gadafismo.

«El Gobierno no controla el país, no tenemos una policía y un ejército fuertes sobre el terreno, así que es natural que se produzcan violaciones de derechos humanos por parte de diferentes grupos», añade Yibril, ahora dedicado a buscar dinero por el mundo para financiar la reconstrucción. En la Cirenaica, la región del este, comenzó la revuelta contra Gadafi. Es una zona rica en petróleo (el 80% de las reservas del país) y en el pasado estuvo bajo el dominio del Imperio Otomano.

En los últimos meses ha crecido la pulsión federalista, acentuada tras sentirse nuevamente marginados en el número de representantes asignados en la asamblea constituyente, 60 miembros frente a los 180 ofrecidos a Tripolitania, la otra gran región del país, en la que tiene su sede el Gobierno central. «En la Cirenaica existe el temor de que el Este pueda ser marginado, como les sucedió con Gadafi, eso explica las protestas, pero no creo que sea toda su población sino un pequeño grupo», afirma Yibril. Las autoridades de la Cirenaica han pedido el boicot para las elecciones del 19 de junio en las que se elige Asamblea constituyente.

Lo que sí fluye en Libia sin grandes problemas es la extracción de petróleo, un producto clave para la economía del país, que está cerca de recuperar la cifra de 1,6 millones de barriles diarios que generaba antes del conflicto. A paso lento se están consiguiendo pequeños logros. Hace dos semanas las autoridades recuperaron el control del aeropuerto de Trípoli, que permanecía bajo la supervisión de una milicia de Zintan desde que cayera el dictador. «Una vez que Libia tenga leyes y un plan serio de inversiones, creo que será un lugar atractivo para los países extranjeros», pronostica Yibril.

 

Comicios a la vista
Por primera vez en décadas, los libios están convocados a las urnas. Este momento histórico se producirá el 19 de junio. Ese día se elegirán los 200 miembros de una Conferencia Nacional que se encargará de crear un gobierno de transición y un comisión que redactará la constitución. Las autoridades revocaron hace unos días la prohibición de partidos religiosos. Lo que no podrán hacer las formaciones políticas es aceptar donaciones de países extranjeros, una maniobra para frenar el auge de los Hermanos Musulmanes, bien organizados en el exterior.