Matrix en Sanidad por Sergio ALONSO

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Antes de responder de forma airada y por la vía judicial a las iniciativas autonómicas encaminadas a controlar el gasto farmacéutico, Leire Pajín debería sentar la cabeza, aparcar a un lado su querencia por los asuntos sociales y la igualdad, y centrarse un poco más en el área que, a fin de cuentas, da título a su pomposo cargo de ministra: la Sanidad. Pajín y José Martínez Olmos, su lugarteniente, deberían preguntarse qué razón está llevando a comunidades de ideología y postulados sanitarios tan diversos como Galicia, Andalucía, el País Vasco o Castilla-La Mancha, por poner sólo algunos ejemplos, a legislar por su cuenta y riesgo en materia farmacéutica, rompiendo en varios casos la equidad y la cohesión en el Sistema Nacional de Salud. Después de una reflexión sosegada, las máximas autoridades sanitarias del Estado caerán pronto en la cuenta, o deberían hacerlo, de que la aparición en tromba de normativas restrictivas de algunas marcas o de su prescripción por parte de los médicos responde a una insólita falta de liderazgo del Ministerio que comandan. A estas alturas, da la impresión de que, como en la película Matrix, este departamento se encuentra instalado en un mundo paralelo, ajeno a la realidad. Tampoco Sanidad ha echado mano hasta ahora del Pleno del Consejo Interterritorial para abordar el grave problema de la sostenibilidad en España, optando en su lugar por trasladar a este foro asuntos tan etéreos como la Estrategia de Salud Sexual o decretos vacuos que lejos de ahorrar, aumentan el gasto de las autonomías. No es de extrañar por ello que los consejeros, hartos de la pasividad del Ministerio, empiecen a adoptar medidas por su cuenta para poder cerrar el año sin necesidad de aplazar pagos, guardar facturas en sus cajones o acudir a sus compañeros de Hacienda en busca de financiación extra procedente de la deuda. Al igual que los malos alumnos, el Ministerio acude ahora raudo a apagar un fuego que ha contribuido a crear con su indecisión ante la crisis.