Londres

El laborismo cierra filas con Brown y espera el milagro

El «premier» conversa con el liberal y pone en la mesa el sistema electoral. Los «blairistas» callan y se concentran para favorecer un acuerdo de gobierno con los liberal-demócratas.

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El primer ministro británico, Gordon Brown, continúa «atrincherado» en Downing Street. Después de cosechar los peores resultados para el laborismo desde la derrota de Michael Foot en 1983, los conservadores pensaban que el partido sufriría una fuerte crisis interna que les facilitaría el acceso al poder. Pero nada más lejos de la realidad. Gran parte de la formación ha cerrado filas en torno a su líder e incluso los llamados «blairistas» le han mostrado su apoyo. Para la mayoría, Brown sigue siendo el mismo hombre sin carisma y perdedor, pero la prioridad ahora es alejar a los «tories» del número 10 y saben que hay que ayudar al «premier» a formar un pacto con los liberales que les permita formar un histórico cuarto mandato consecutivo. Una vez conseguido el propósito ya verían luego qué hacer con el impopular primer ministro británico. Una encuesta publicada por «The Sunday Times» revela que el 70 por ciento de los británicos le quiere fuera de Downing Street. Sin embargo, Brown parece dispuesto a emplear todos sus cartuchos. El todavía inquilino del número 10 aún tiene confianza en que un pacto con Nick Clegg es posible. De hecho, ambos mantuvieron una conversación telefónica el viernes por la noche. En principio la BBC afirmó que los dos líderes se enzarzaron cuando Clegg le sugirió que debía dimitir. Sin embargo, fuentes del partido no tardaron en negarlo y clarificaron que había sido muy «constructiva». Al fin y al cabo, Gordon Brown sabe que su futuro político está en manos del dirigente liberal y no se puede permitir que su humor le juegue malas pasadas. Clegg más débilEl mejor anzuelo que el «premier» tiene para el tercer hombre es la promesa de la reforma electoral. Clegg dijo que jamás negociaría con él, pero quizá ahora se tenga que tragar sus palabras si los «tories» no le dan lo que él quiere. De llegarse a un acuerdo, Brown podría estar durante uno o dos años más en Downing Street para ver concluida la reforma del sistema político y sacar al país de la crisis económica. Para entonces, el Labour habría elegido ya a un sucesor con el peso suficiente para asegurarle futuras victorias ante el posible adelanto de otros comicios. Pero todo son conjeturas porque hay voces dentro de la formación que aseguran que sólo si Brown dimite cuentan con posibilidades para pactar con los liberal demócratas. El diputado laborista, John Mann, fue ayer el primero que pidió públicamente la cabeza de su líder tras los comicios del jueves.