La protesta sindical contra Sarkozy pierde fuerza

A pesar de la presión, el presidente francés no se rinde. La reforma «es una cuestión de justicia social», repitió el viernes.

Continúa el bloqueo en las refinerías francesas y el paro afecta a los trenes
Continúa el bloqueo en las refinerías francesas y el paro afecta a los trenes

Algo menos eufóricos se mostraron ayer los sindicatos franceses a la hora de valorar la quinta jornada de protestas contra el proyecto gubernamental de reforma del sistema de pensiones. Esperaban movilizar al menos tantos manifestantes como los más de tres millones que reivindicaron el pasado sábado.

Pero si ayer cantaron victoria al conseguir su objetivo, con menos de tres millones el tono era menos triunfalista. Las cifras oficiales anunciaban por su parte 825.000 manifestantes, en un claro descenso respecto a hace una semana, a la jornada de huelga del martes, y el nivel más bajo desde principios de septiembre.

Además, la abismal diferencia entre el recuento de las autoridades y el de los sindicatos no sólo da qué pensar sino que ha quedado demostrada la tendencia de las centrales de los trabajadores a inflar las cifras como ayer exponía «Le Figaro». Según el diario galo, que reconoce un margen de error a la Policía del 10%, las estimaciones sindicales triplicarían y hasta quintuplicarían las cifras reales.


Baile de cifras
Así, donde los convocantes contaban en París hasta 330.000 personas, las autoridades galas anunciaban 89.000 y tan sólo 80.000 la empresa española Lince, líder en el sector y que ayer citaba el diario francés.

De ahí que resulte tan difícil medir la envergadura real de una protesta que por otra parte se ha radicalizado con la entrada del movimiento estudiantil – adolescentes de instituto y estudiantes universitarios – y las huelgas en un sector estratégico como el petrolero. La de París, que reunió unas 50.000 personas, fue ayer la más multitudinaria de las 230 organizadas en todo el país. No sólo la efigie caricaturizada de Nicolas Sarkozy ocupaba la mayoría de las pancartas, sino que el presidente francés era la principal diana de eslóganes, en muchos casos, incendiarios.

Provocaciones que no tuvieron ayer respuesta del Elíseo, aunque sí hubo valoración gubernamental. La del piloto de la polémica reforma, el ministro del Trabajo, Eric Woerth, que estuvo ayer en el Senado defendiendo algunas de las medidas cruciales, como el mantenimiento de la edad de jubilación a los 60 años para los trabajadores con empleos penosos y difíciles, y reiteró la firme voluntad del Ejecutivo de aprobar la reforma. «Hacer que nuestro sistema de pensiones evolucione es una buena noticia. Con este texto lo estamos consolidando y garantizando la jubilación de los franceses», afirmó Woerth desde la Cámara Alta tras recalcar que no habrá concesiones en lo que atañe al «corazón» de la reforma, «a la estructura y equilibrio financiero» de la misma. Esto es, al retraso en dos años de la edad legal de jubilación, de los 60 actuales a los 62, de aquí a 2018.

El ruido en la calle, los paros sectoriales y los repetidos llamamientos de la socialista Martine Aubry y los líderes sindicales para que el Gobierno abandone el proyecto no son suficientes para obtener de Sarkozy una rendición. La reforma de la jubilación «es una cuestión de justicia social». Ése es su principal argumento, y el viernes volvió a recodarlo.

Sin embargo, en una semana los sindicatos han tensado la cuerda del Ejecutivo con paros renovados cada veinticuatro horas en sectores con capacidad para bloquear el país como los transportes públicos o la amenaza de «potentes acciones» de los transportistas privados de mercancías que podrían paralizar las carreteras.


Escasez de carburante
Con las doce refinerías de Francia en huelga, la población se ha echado a la calle para hacer acopio de carburantes en caso de escasez, una situación descartada nuevamente ayer por las autoridades. Al menos, de inmediato, ya que existirían reservas suficientes para al menos dos semanas, según el Ministerio de Transportes, que confirmó ayer el desbloqueo de varios depósitos cerrados por los piquetes.

Sin embargo, si el aprovisionamiento no recupera la normalidad, aeropuertos como el parisino Charles de Gaulle podrían sufrir un desabastecimiento de queroseno a partir del martes. Ese día, para el que los sindicatos han convocado la sexta jornada de huelga, será clave en el pulso que mantienen con el Gobierno, pues precederá al voto final de la reforma, el miércoles, en el Senado, antes de su adopción definitiva por los diputados, en segunda lectura, unos días después.


Agresión al civismo
Aunque durante horas la tensión se centró en el aeropuerto de Roissy-Charles de Gaulle, el mayor del país, donde el oleoducto que alimenta las reservas de combustibles para los aviones estuvo parado y las reservas no permitían garantizar el suministro durante más de 48 horas, se produjeron choques violentos y varias detenciones durante el recorrido de las manifestaciones. En la secuencia de imágenes recogida por la agencia Efe se aprecia cómo un manifestante destroza con un bolardo el ventanal de una sucursal bancaria en pleno centro de París. En la segunda fotografía, un viandante increpa y zarandea al encapuchado, y recibe una brutal patada por la espalda de otro manifestante que fue finalmente detenido.



ANÁLISIS
El Senado tendrá la última palabra
- ¿Por qué la reforma es tan polémica?

–El sistema de pensiones, que permite jubilarse a partir de los 60 años y acceder a una pensión del 100% sin penalización con 65 años, es uno de los mayores logros sociales del «intocable» Estado del Bienestar y una excepción en Europa. De ahí, las virulentas protestas contra la propuesta del Gobierno de retrasar en 2 años ambos plazos por «equilibirio financiero».
- ¿Por qué se ha radicalizado la protesta?
–Ante su incapacidad para doblegar al Gobierno, sindicatos y oposición han endurecido el conflicto. La entrada en juego de los estudiantes ha dibujado un nuevo escenario, radicalizando la protesta. El Elíseo acusa al Partido Socialista, que controla los principales sindicatos de estudiantes, de irresponsabilidad. Por otro lado los paros en sectores estratégicos como el petrolero y los transportes podrían a la larga paralizar el país.
- ¿Cuanto tiempo se puede prolongar?
–La ley, actualmente en el Senado, será votada el miércoles. Los sindicatos cuentan con la huelga del martes para asfixiar al Gobierno, que confía sin embargo en que tras su adopción en la Cámara Alta, la presión se rebaje.
- ¿Se puede quebrar la unidad sindical?
–Aunque han prometido mantenerse unidos incluso tras la votación de la reforma en el Senado, que supone el último trámite, el secretario general de UNSA abría ayer la primera fisura al reconocer que «las cosas cambian» cuando una ley es votada porque en un país democrático «la última palabra la tiene la representación parlamentaria».