La ofensiva contra la cruz

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Es un problema tan absurdo como artificial. Es incluso paradójico que una pequeña minoría, por no decir insignificante, quiera imponer a la inmensa mayoría unos postulados propios del fanatismo anticatólico. La ofensiva laicista se extiende como una mancha de aceite y lo más inquietante es que avanza con paso firme. Un crucifijo por aquí y otro por allá, con la clara pretensión de expulsar un símbolo que es la esencia de nuestra identidad colectiva. Nuestra rica realidad actual es incomprensible sin el extraordinario y positivo papel de la Iglesia durante dos mil años. No existe una demanda social, ni grande ni pequeña, en esa perniciosa dirección. Es una polémica artificial agitada por personas llenas de odio y que se escudan en una pretensión individual para cercenar los derechos de la mayoría. El crucifijo es el símbolo del extraordinario sacrificio de Jesucristo por la Humanidad y lo debería ser de todos, sean o no creyentes. No es una ofensiva irrelevante sino muy grave y bien orquestada.