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Ana Cañil habla en su nueva obra de las adopciones en las cárceles tras la guerra civil

«Lo que comenzó como una investigación sobre María Topete, acabó en novela. Sorprendida por este personaje, llegó un momento en que necesité reinterpretar mis sensaciones».

La Razón
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Así explica Ana R. Cañil, la génesis de su segunda novela, «Si a los tres años no he vuelto» (Espasa), que narra las circunstancias vividas a finales de la guerra y los tiempos posteriores en la cárcel de madres de Ventas y San Isidro y el destino de algunos de los hijos que allí nacían a través de la historia de dos mujeres, una presa y otra carcelera, que representan dos formas de enfrentarse a la vida. «Una novela donde hay mucho amor, solidaridad, fuerza y esperanza. Son mujeres de las que no se rinden».

Define a Topete como una mujer «monárquica, católica, educada en un medio conservador. Cercana al mundo aristocrático y con unos principios religiosos muy arraigados. Está emparentada con una familia de apellido conocido que acabó dirigiendo la prisión de Ventas con mano de hierro», y a Jimena Bartolomé como «el trasunto de las mujeres republicanas presas en la cárcel que lo pasaron mal y que dejaron allí lo mejor de sus vidas», dos prototipos anatgónicos «de una gran personalidad. Ambas víctimas de las circunstancias. Una gana y otra pierde. Una fanática de carácter fuerte, dura con las madres y, sin embargo, tierna con los niños. Otra que, por amor, acaba enrolada en una militancia que la llevará a la cárcel embarazada». Al preguntar si el tema de las adopciones fue práctica general o algo personalizado en esta figura, la autora responde que «creo que se hizo en alguna prisión más y, aunque se veía con buenos ojos que estos niños se llevaran a seminarios o se dieran en adopción, no tengo datos de que fuese una práctica planificada».