La brillantez se impuso a la lealtad

En el PSOE se respira un optimismo rayano en la euforia pues ven en Rubalcaba «al único capaz de sacarnos del pozo».

Rubalcaba recibe la felicitación de Fernández de la Vega el pasado jueves, en presencia de Blanco, en la toma de posesión del cargo
Rubalcaba recibe la felicitación de Fernández de la Vega el pasado jueves, en presencia de Blanco, en la toma de posesión del cargo

MADRID- Cuentan quienes están al tanto de los detalles de la última remodelación del Gobierno que, entre la brillantez y la lealtad, Zapatero ha elegido la primera. La reflexión viene a cuento del nuevo vicepresidente primero. Y es que pocos, muy pocos, saben que el presidente dudó entre José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba para el puesto. El primero es la columna vertebral del Gobierno, un hombre capaz, un político curtido en mil batallas, el artífice de las estrategias y las campañas electorales que llevaron a La Moncloa al hoy presidente del Gobierno. Entregado a Zapatero en cuerpo y alma, no ha habido decisión de calado en los últimos seis años que no se le haya consultado.


El segundo, como el primero, hace mucho tiempo que mandaba más allá de su Ministerio y movía todos los hilos en las decisiones de Zapatero, aunque a diferencia de Blanco no le apoyó en el XXXV Congreso Federal del PSOE, que abrió una nueva página en la historia del socialismo.

A Alfredo Pérez Rubalcaba el poder le viene de lejos. Conoce La Moncloa y las tripas de la política mejor que su propia casa. Pero no ha sido su experiencia ni el cordón umbilical que nunca cortó con el «felipismo», lo que le han convertido en el número dos del Ejecutivo y, quién sabe, en el posible relevo de Zapatero para 2012. En la decisión del presidente pesó sobre todo, en eso coinciden todos, su inmensa capacidad para la comunicación, su personalidad compleja y seductora y quizá, por qué no, su habilidad para sobrevivir a todas las catástrofes del PSOE.

Zapatero lo meditó mucho, lo consultó con media docena de pesos pesados del socialismo… y al final, la balanza entre el brillo y la adhesión se inclinó a favor de lo primero, lo que no quiere decir que Blanco vaya a perder dominio en el Gobierno ni en el PSOE. Lo ha tenido siempre, como lo ha tenido también Rubalcaba, este lector infatigable de periódicos que es capaz de mandar un «sms» a cualquier periodista a las ocho de la mañana para contestar a la penúltima línea del último párrafo de la antepenúltima página de la sección de España.

Lo de la Vicepresidencia era sólo cuestión de oficializar lo obvio, una vez tomada la decisión de relevar a Teresa Fernández de la Vega. «Ambos son de mi absoluta confianza, y subrayo lo de absoluta», afirmó el presidente hace tan sólo una semana ante un grupo de informadores en Ponferrada.

Fue después de aquella declaración solemne cuando Zapatero, confesó esta semana, decidió remodelar su gabinete . Cuentan sus más cercanos colaboradores que no fue el domingo por la noche, sino el pasado mes de agosto en una conversación en La Moncloa, en la que participaron Blanco y Rubalcaba, que de hecho ya intentaron la operación, sin éxito, el pasado julio. El momento es lo que el presidente no tenía claro. La presión de algunos barones, las recomendaciones de un par de voces de peso en el PSOE y el consejo de otros tantos que no están en la primera línea, pero cuya opinión cuenta mucho para Zapatero, precipitaron la crisis. Lograda la estabilidad política tras el acuerdo con PNV y CC y aprobados los Presupuestos Generales del Estado, era el momento de afrontar el recambio.

«Si es necesario sientas a Felipe»
El diseño estaba claro, pero las piezas no estuvieron encajadas hasta la noche del martes. El lunes un veterano socialista le dijo al presidente: «Tienes que contar con los mejores. Si es necesario sientas a Felipe –por González– en la mesa del Consejo de Ministros». Acabó aquella conversación y Zapatero tenía aún dudas sobre si elegir a Blanco o a Rubalcaba para la vicepresidencia política; si colocar a Jáuregui en Presidencia o llevarlo a Trabajo y si suprimir o no los Ministerios de Vivienda e Igualdad. El encaje final se cerró el martes por la tarde-noche en presencia de los dos candidatos a la vicepresidencia.

¿El resultado? Aún está por ver, pero lo cierto es que el PSOE desprende ahora un optimismo rayano en la euforia. Y todo porque cree que Rubalcaba «es el único capaz de sacarnos de este pozo». Eso sí, si no triunfa hay pocos que le auguren una octava vida política. Las otras siete que tiene, como los gatos, ya las ha vivido todas gracias a sus reconocidas dotes para la intriga, la persuasión y la eficacia.


«Con la ventanilla abierta 24 horas»

José Bono sabe bien de las cualidades de Rubalcaba y no le cuesta reconocerlas: «Es una persona con la cabeza bien puesta, siempre tiene la palabra adecuada. Sin duda, el que mejor sabe llamar a las cosas por su nombre». ¿Qué le hace diferente al resto de socialistas de primera línea? «Una cualidad excepcional que lleva en su código genético: traducir o resumir todo un pensamiento o un conjunto de ideas en el mensaje perfecto». Además de «una experiencia dilatada y muy transversal en la Administración Pública, que le hace conocedor de las ideas que comunica». En lo personal, el presidente del Congreso destaca que es «accesible, con la ventanilla abierta las 24 horas, extraordinariamente sensato, divertido y con una chispa y una agilidad mental casi inseparables e insuperables». Quien un día aspirara a ser número uno del PSOE y hoy está de retirada cree que, con Jáuregui y Marcelino Iglesias, es el «reactivo idóneo para estimular el pulso vital del Gobierno». Más claro: «Un acierto de lleno». No hay en el PSOE una voz que matice las palabras de Bono. Hay unanimidad en que es «el remedio a los males que acosan al PSOE». ¿No tiene detractores? Algunos, pero hasta éstos esperan «una mayor y mejor dedicación a la comunicación con los ciudadanos» y admiten que dota al Ejecutivo de «mayor peso político».