Malestar en el PP por el excesivo protagonismo de Méndez de Vigo

MADRID- La interparlamentaria del Partido Popular celebrada el pasado fin de semana en San Sebastián tuvo varios nombres propios visibles como el de Javier Arenas, María Dolores de Cospedal, Juan Ignacio Zoido o el propio Rajoy. Pero entre bastidores surgió otro nombre y no precisamente para bien: Íñigo Méndez de Vigo, secretario de Estado para la Unión Europea, un hombre con una larga trayectoria política y con una presencia frecuente en medios de comunicación. Éste es uno de los aspectos que le afean quienes pusieron su actitud en entredicho en la capital donostiarra el pasado fin de semana. Ese y un verbo fácil que en más de una ocasión se ha desviado de la línea marcada por el Ejecutivo, en tono y formas, y ha adquirido un protagonismo que muchos consideran que no es el que debería tener.

Esta «queja» nació cuando el secretario de Estado para la UE advirtió en tono muy agresivo, antes de que Argentina expoliase la filial de Repsol, YPF, que «romper las reglas de juego tiene un coste y Argentina se va a convertir en un apestado internacional». La amenaza, en un tono mucho más duro del que había empleado el propio ministro de Industria, José Manuel Soria, se consideró dentro del Gobierno como una «salida de pata de banco», sobre todo cuando la cuestión estaba en manos de Soria y Margallo.

Hay quienes añaden a esta declaración algunas «perlas» en una lista que, para sus detractores, se va alargando más de la cuenta. Una de estas se produjo tras uno de los agoreros vaticinios de Paul Krugman sobre España y pese a que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ya había respondido. Méndez de Vigo, lejos de mantener un perfil bajo tras las palabras de Montoro en respuesta al Nobel de Economía, aseguró que los pronósticos de éste «no eran sólidos» y, en tono jocoso, añadió que «no conozco a economistas que se hayan hecho ricos».

Pero más allá de intervenciones concretas, como subrayar que España «de momento» no había pedido ayuda para la banca, la queja se centra en que lejos de seguir las recomendaciones del Gobierno y del partido de rebajar el tono negativo y suavizar determinados mensajes, el secretario de Estado no deja escapar la oportunidad de un titular contundente. Y aquí, algunos advierten: «A ver si le va a pasar como a Beneyto», en referencia al ex portavoz de Exteriores en el Congreso, que afirmó que «la intervención no sería el apocalipsis», aunque obligaría al Gobierno a traspasar algunas líneas rojas en el Estad de Bienestar. Fue apartado de sus funciones.