El infierno dentro del Arco Iris por César Vidal

«Al final del arco iris», de Quilter, en el Marquina de Madrid, narra la vida de Judy Garland, un mito malogrado por el alcohol y las drogas

Natalia Dicenta reproduce el talento y la autodestrucción de Judy Garland
Natalia Dicenta reproduce el talento y la autodestrucción de Judy Garland

Las frustraciones emocionales comenzaron a acumularse sobre Judy Garland (1922) desde su infancia. En la escuela de la Metro, a la que acudía de niña, era el patito feo en compañía de Ava Gardner, Lana Turner o Elizabeth Taylor. El mismo Louis B. Mayer la llamaba su «jorobadita» a pesar de que ninguna de sus compañeras producía tantas ganancias a la Metro como ella. El éxito fue la razón por la que los estudios decidieron suministrarle a diario anfetaminas y barbitúricos, ya que no podían permitirse que no fuera capaz de enhebrar una película con otra.

Judy era una drogadicta adolescente cuando a los dieciséis años protagonizó «El Mago de Oz» (1939). Es cierto que le vendaron los pechos y la obligaron a llevar un corsé y un vestido azul que ocultaban sus incipientes curvas, pero la película fue un éxito rotundo… paralelo al primer desastre amoroso de Judy. El músico Artie Shaw, del que estaba locamente enamorada, la abandonó por Lana Turner. Intentó consolarse iniciando una relación con un hombre casado, David Rose, con el que contrajo matrimonio el 27 de julio de 1941. La mezcla de alcohol, drogas e inestabilidad emocional demostró ser una bomba de relojería. Mientras rodaba «El pirata» en abril de 1947 sufrió una crisis nerviosa que obligó a ingresarla en una clínica privada. Terminó la película, pero ese mismo año realizó su primer intento de suicidio cortándose las venas.

En 1948, tras perder días de rodaje a causa de sus problemas con las drogas, la Metro la sustituyó por Ginger Rogers. Para remate, salió a la luz la realidad de sus relaciones con su madre Ethel, que trabajaba en la compañía aérea Douglas por un salario de 61 dólares a la semana.

 Cuando le preguntaron al respecto, Judy respondió que su madre «no era buena para nada salvo para crear caos y miedo» y la acusó de quedarse con su salario, algo desmentido por Virginia, la hermana de Judy. Durante los años siguientes, Judy Garland siguió protagonizando películas como la mutilada «Ha nacido una estrella» y fracasando en un matrimonio tras otro, como el que contrajo con Vicente Minelli, padre de Liza. A inicios de 1969, su salud había llegado al punto deplorable descrito en la obra «Al final del arco iris».

Sin duda, Natalia Dicenta, que encarna a la estrella, ha logrado reproducir de manera sobrecogedora la mezcla de talento y autodestrucción, de despotismo y vulnerabilidad, de genio y miseria que era Judy Garland. Aún podía cantar de manera conmovedora, pero era un ser aniquilado e imprevisible. El 15 de marzo de 1969 se casó en Londres con Mickey Deans, interpretado en la obra por un convincente Javier Mora.

El 22 de junio de ese año, su marido –el quinto– la encontró muerta. En su sangre había 97 miligramos de Seconal. De manera un tanto chocante, el «lobby gay» había intentado convertir a Judy en uno de sus iconos.

Preguntada sobre si le agradaba, la Garland respondió con su habitual desparpajo: «No podría importarme menos. Yo canto para la gente».