La Moncloa de Génova por Blanca Basiano

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Cualquiera que estos días se dé una vuelta por la madrileña calle Génova comprobará que allí es donde se ubica la nueva sede del Gobierno. No hace falta buscarlo en Google Maps. A la espera de mudanza palaciega, Rajoy ha trasladado La Moncloa a su despacho. Hasta el turista más despistado sabe que en el portal número 13 se cuece algo. Desde el 21 de noviembre, por la puerta de los populares han desfilado representantes comunitarios, banqueros y, ayer, los agentes sociales.

Con estos últimos intentaba desmadejar la enésima reforma laboral. Para no liar aún más el ovillo, se reunía por separado con los implicados, que, horas antes, habían compartido desayuno con foto incluida.

Sabiendo de antemano que el matrimonio entre patronal y sindicatos es complicado, el futuro presidente les ha urgido a que, de inmediato, arrimen el hombro porque la reforma es inaplazable. Y, a modo de regalo de Reyes, les ha pedido un acuerdo. Para esa fecha deberían haber alcanzado un consenso en los «puntos básicos» como la negociación colectiva, el absentismo, la mediación y la contratación. Con esa idea, los tres supuestos «magos» se han ido de La Moncloa de Génova. De momento, la predisposición es buena, o eso han dicho casi todos. Pero conseguir que se arreglen no será fácil. Sólo hay que recordar el intento fracasado de Zapatero que acabó en huelga general.

Los líderes sindicales aseguran que «no hay líneas rojas» y que la suya es «vocación de diálogo franca y abierta». Veremos qué pasa en el Día de la Epifanía. Ya se sabe que un regalo que se hace a desgana, por mucho lazo y envoltorio que se le ponga, casi siempre hay que cambiarlo.