David Hockney: «El iPad me fascina pero no he dejado la pintura»

Bilbao muestra sus obras más recientes, algunas hechas con iPad, en la mayor exposición que le ha dedicado España

David Hockney no saluda a los fotógrafos. Tiene el paso demasiado rápido. Se nota que es un anciano ágil, de temperamento decidido, que no es lo mismo que temperamental. Un artista sin más estética que una gorra salpicada de manchas de pintura, y amoldada al contorno de la cabeza por el uso, que trae calada hasta las gafas. Algo que le impide fijarse en lo que sucede alrededor, lo que parece una contradicción, una incongruencia para quien vive de lo que observa.
–Un día apareció en el montaje con una camiseta de esas que ponen «I love Bilbao».
–Todo el mundo quería fotografiarse con David.
–¿Y se dejó?
–Sí, con todos. Justo ahí, delante de «May Blossom on the Roman Road», que según nos contó, es su cuadro favorito de los que ha realizado para la exposición.
Hockney es un pintor imposible de juzgar en un primer vistazo. Su personalidad asoma a posteriori, en su comportamiento, cuando se deja retratar por los gráficos, tomar la instantánea única delante de una obra o, de manera imprevista, cuelga el bastón de la senilidad del antebrazo y enciende el Ipad para simular que está pintando, para dar esa imagen que todos le ruegan en silencio, revelándose aquí una simpatía natural, pero como tímida frente al espectáculo público de los «flashes» y las cámaras.
–Adelantó su viaje al enterarse que estábamos desembalando «La llegada de la primavera» (una instalación de 51 dibujos con iPad y un óleo de 32 lienzos). Entró casi sin respiración. Su impaciencia por ver cómo quedaba le venció.
El artista ha recuperado aquella tradición de Constable, la observación primera de los paisajistas, y la ha agigantado por el lado humano, por la cornisa intelectual del recuerdo, que siempre es un reflejo deformado, falso, que tiende a la idealización. El hombre es una cartografía de tiempo y memoria. Todo es introspección en él, incluso lo exterior. Él lo sabe y por eso afirma que «vemos psicológicamente», que suena hondo, que gusta. El Museo Guggenheim de Bilbao presentó ayer la mayor exposición que España ha dedicado a este creador. Un recorrido por sus nuevos creaciones, las que hizo en el condado de Yorkshire, pero también por otras anteriores, que se retrotraen a 1956, y que dan mayor perspectiva a su trayectoria,
–Dicen ahora que usted es el mejor artista británico actual.
–No tengo tiempo para pensar en esas cosas.


Monumental «Tala»

Hockney y sus ayudantes corrigieron la altura del monumental óleo «Tala en invierno» en cinco centímetros. Una pieza que venía con «correo» (responsable que se encarga de velar por una correcta instalación) y al que tuvieron que traer de nuevo para que diera su consentimiento y presenciara otra vez su colocación. «Dedicamos una jornada entera a ubicar bien el cuadro». Durante más de una semana, desde las nueve y media de la mañana hasta casi las dos de al mediodía, Hockney acudía al Guggenheim para presenciar el montaje. Por la tarde, regresaba para cotejar cómo evolucionaba. Entre tanto fumaba cigarrillos en la terraza del museo, porque él es una de esas personas que encuentra mucha reflexión y calma en la pausa del pitillo. O se quedaba sentado en un rincón y tomaba apuntes pictóricos en su iPad, que, para él, es su cuaderno de apuntes, de bosquejos.

–¿Qué aporta a su trabajo?
–«No sé lo que aporta. Es una herramienta nueva, fascinante. No es sólo un pequeño cachibache. No sabíamos que se podía imprimir sus dibujos y menos a gran escala. En mi iPad enseño la película que he hecho. Es un instrumento increíble para los artistas, pero no he abandonado la pintura. El color físico de la pintura sí que marca una diferencia. Por eso no la he dejado. Pero el iPad es algo único.
«La inspiración no llega a los perezosos», sostiene el artista, que es una variante de aquello que dijo Picasso de que «La inspiración llega con el trabajo» –la influencia del pintor malagueño está presente en sus «fotografías cubistas»–. Y Hockney salía todas las mañanas a trabajar el campo. Después de tres décadas en Los Ángeles, redescubría la primavera y el otoño en su tierra natal. De ahí procede está mirada paisajística, que entronca con Monet, con la impresión que deja la naturaleza cuando se detiene uno a mirarla.
–El iPad puede causar muchos daños, pero también abrirá muchos caminos. En Londres rodamos con tres cámaras, monté el resultado en el iPad por la noche y al día siguiente, rodamos de nuevo, pero evitando los errores que cometimos. Voy a seguir dibujando con él. Es como una hoja de papel sin fin. Cuando hago un autorretrato veo que se puede ir ampliando. Es un papel interminable. Se pueden hacer cosas increíbles. Las tecnologías han abierto vías nuevas. Cuando usas 18 cámaras dedicadas para una imagen, tienes más tiempo para estudiarla que con una sola. Al arte siempre le ha afectado a la tecnología. El iPad es un cuaderno de apuntes.


Imprescindible, una gran pared
Hockney sale cada día a trabajar. Cuando le propusieron una exposición para la Royal Academy de Londres de su obra más reciente, no lo dudó. Pidió que le dejaran cuatro o cinco años. Quería recoger todo el esplendor de los cambios estacionales. Unas veces lo lograba al natural, instalando hasta dos lienzos en cada caballete y trabajando con tres caballetes al mismo tiempo. Otras, recurría a sus apuntes en iPad. O, como afirma, sirviéndose de la memoria, que amplía el paisaje con una visión psicológica. Remató el proceso aportando una gran dimensión a sus obras. No quería que el público se asomara a la naturaleza. Quería situar al espectador en la naturaleza. «No se hacen grandes cuadros si no tienes una gran pared», bromeó Hockney.


Coordenadas de una muestra
El Guggenheim de Bilbao se ha centrado en la obra paisajística de Hockney, que retomó al regresar de EE UU. Cerca de 150 trabajos, entre óleos, acuarelas, carboncillos, cuadernos de bocetos, dibujos en iPad, fotografías y vídeos digitales. Un recorrido por el interés que siempre ha mostrado por la perspectiva. Se puede, a este respecto, ver su estudio y variaciones de «El sermón de la montaña», que responde al cuadro con este título que realizó Claudio De Lorena o sus paisajes (en iPad y bastante impresionantes) del parque de Yosemite en EE UU.