Jorge Volpi el amor en el diván

El escritor mexicano regresa a un tema conocido, el psicoanálisis, en su nuevo libro, «La tejedora de sombras», que aborda una historia de amor real desde la ficción

Jorge Volpi encontró esta historia mientras buscaba otra, que es una forma algo «cortazariana» de conseguir la inspiración. Permanecía oculta debajo de archivos, carpetas, cajones, documentos y cuadernos, que es una metáfora burocrática del olvido. Entre los papeles encontró un nombre propio, el hilo de Ariadna, que le conduciría a una historia de amor. Christiana Morgan ocupó poco a poco un lugar en su pensamiento y fue apoderándose de ese lugar incierto en el que habitan la fantasía y la imaginación. Comenzó siendo una persona, pero mudó su condición real para convertirse en una ficción, en un retrato/espejo, un reflejo fiel que cuenta «lo que ella nunca habló, escribió ni reveló». De esas ascuas abstractas emergió una narración que alcanzó molde de novela y que, ahora, ha conseguido el Premio Planeta-Casa de América. «La tejedora de sombras», que es el título que ha escogido el autor, regresa a esos meandros enigmáticos por los que se desliza la conciencia y sus dimensiones más enigmáticas, esa esquina de donde provienen los sueños, los deseos y los complejos, que son las pesadillas incontrolables de la lógica y la racionalidad.

Barreras sociales
«Me interesaba este tema desde hace tiempo, cuando estaba en secundaria y tenía entre 15 y 18 años. Entonces leía a Freud como si sus ensayos fueran novelas. Pero también he tratado este asunto en "El fin de la locura", donde aparece Lacan». Ahora el personaje es una chica que desde que nació veía visiones y padecía depresiones, al principio de manera esporádica y después de forma frecuente. «Estaba mal visto en su época que tuviera ciertos sentimientos. Ella quería una cura. Pero el padre sólo estaba preocupado en que estudiara una carrera corriente, artes plásticas, que estaba bien considerada en la sociedad», explica el autor. Al final, Morgan tuvo que elegir y se inclinó por seguir sus propios pasos. Una decisión que la llevaría a conocer a una persona de la que ya no se separaría en su vida: Henry Murray, un ambicioso médico de Harvard y el fundador de una clínica psicoanalítica. Juntos recorrerían los frisos más ariscos y turbios del inconsciente, de los convencionalismos y de las pulsiones personales. «Es una extraña, desgarrada y psicoanalítica historia de amor», asegura Volpi para referirse a su libro. Murray y Morgan habían estaban casados. Él, con una mujer rica; ella, con un soldado veterano de la Primera Guerra Mundial. Pero un viaje a Europa para encontrarse con Jung cambiaría los términos de sus relaciones. Ella se convertiría en una aplicada paciente sujeta a una terapia dura que la hundiría hasta las simas más oscuras de su interior. Al final, antes de regresar, recogieron un último consejo de Jung que los dos siguieron: «Hay que vivir los afectos». Algo que sería determinante para ellos, quienes, sin dudarlo, se adentraron por la senda del adulterio durante 42 años, hasta que sus respectivas parejas fallecieron. «Intentaron aplicar un método que ellos llamaban díada. Se trataba de conocerse completamente, llegar a la libertad individual y el amor».

¿Pero cuál fue el final de esa iniciativa? Los propósitos muchas veces no concuerdan con las soluciones buscadas. Y ellos no fueron una excepción. «El resultado fue trágico. No fue lo que ella esperaba. Jamás dejaron a sus cónyuges. Quizá en ese tiempo era difícil. Christiana trató de conseguir ese amor absoluto, pero fue imposible. Al final, hace un viaje a una isla del Caribe y allí se da cuenta de que en esos 42 años no habían conseguido lo que deseaban. Y en ese lugar, precisamente, muere en extrañas circunstancias. Suicidio, accidente, incluso asesinato, porque Murray era la única persona que estaba con ella. Pero dejémoslo en un accidente inusual». Para Volpi, no obstante, su ejemplo es determinante: «Los conflictos que viven son los de nuestra modernidad. El amor, la pareja». El eje de la obra, que no discurre de una manera cronológica, es su personaje femenino. Una presencia que el escritor, en una valoración, glosa perfectamente: «Terminó por seducirme. Es la lucha de una mujer contra los prejuicios masculinos de su tiempo. Se adentra en los problemas de la sentimentalidad. Algo que es actual, que pertenece a nuestro tiempo».

El autor de «En busca de Klingsor», «La paz de los sepulcros» y «No será la tierra» se sumergió en la documentación durante meses hasta conseguir el perfil que logra que alguien real continúe siéndolo todavía en la ficción. Pero asegura: «Ella quiso llevar hasta las últimas consecuencias el autoconocimiento intelectual, amoroso y sexual. Para mí es una de las últimas historias de amor de Occidente, un recorrido que comienza con los trovadores y que termina con ellos». Morgan falleció en 1967 y jamás vio cumplido uno de sus anhelos, que Murray, su amante, publicara un libro con su «historia de amor absoluto». Intentó inspirarle durante años, aunque no lo consiguió. Quedó ahí, reducido a los escombros literarios de un manuscrito que aún no se ha publicado y que conserva la Universidad de Harvard.


La terapia de la «imaginación activa»
Christiana Morgan fue paciente de Jung. Practicó con él una terapia conocida como «imaginación activa», que obligaba al paciente a entrar en trance. De aquellas sesiones, Morgan salía «hecha pedazos, desgastada anímicamente», comenta Volpi. Ésta la parte más atractiva de la historia. «A partir de esos momentos podía observar el inconsciente y lo que veía después lo dibujaba en unos cuadernos, porque tenía aptitudes artísticas. En los seminarios públicos que Jung impartía en Zúrich analizó esas imágenes durante tres años», aclara el novelista, quien ha podido acceder a los cuadernos que dejó Christiana y en los que están reflejadas esas visiones.


El detalle
Los métodos peligrosos de Jung

Jung está de moda. Una película, «El método peligroso» (arriba una imagen de Fassbinder en el papel del psicoanalista) recoge la relación privada que mantuvo este científico y filósofo con una de sus pacientes. Y ahora se publicará el libro de Jorge Volpi, «La tejedora de sombras», donde es uno de los personajes de la trama y un personaje fundamental de los hechos históricos que se desencadenaron. «Mi novela transcurre diez años después que los sucesos que se ven en filme. Jung sigue casado, pero tiene otra amante. Él sostenía que los afectos no tienen que estar limitados a una familia monógama y sostenía relaciones con otras personas».