Historia

El Corpus y el Ejército

La Razón
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La celebración del Corpus de Toledo, festividad de honda raigambre religiosa, social y cultural cuya fama traspasa fronteras, ha sido precedida por una agria polémica provocada por el Ministerio de Defensa, que dirige la señora Chacón. A tenor de la reforma del Reglamento de Honores Militares, que el Consejo de Ministros aprobó el mismo día que el tijeretazo social, el ceremonial militar que acompaña a la exposición del Santísimo ha sido alterado, de modo que la unidad del Ejército no puede intrepretar el Himno Nacional ni presentar armas, como ha sido tradición inveterada. Ni que decir tiene que los toledanos, con su alcalde y con el presidente regional a la cabeza, han reaccionado con viveza ante lo que supone una degradación del protagonismo militar y, por tanto, una merma de la solemnidad con la que el pueblo manchego viene celebrando el Corpus desde hace varios siglos.

Fruto de esta reacción enérgica ha sido que la ministra de Defensa haya dado marcha atrás y permita que hoy la capital toledana honre la Custodia de acuerdo a la tradición, que reserva un presencia especial al Ejército e incorpora el Himno Nacional al momento de mayor solemnidad. Pero que la ministra haya rectificado ante la presión de un alto dirigente de su partido sólo demuestra la arbitrariedad y el sectarismo con los que ha legislado y con los que toma sus decisiones políticas. ¿Habría hecho lo mismo si el alcalde de la ciudad y el presidente autonómico hubieran sido del PP? Más aún, ¿podrá acogerse el Cristo de la Legión, también afectado por la reforma, al gracioso indulto de la señora ministra? Como era de prever, en otras ciudades españolas donde se festeja el Corpus ha cundido la alarma, entre ellas Burgos, que festeja el célebre Curpillos, en el que se procesiona al Santísimo y se conmemora la victoria de las Navas de Tolosa en 1212. Y lo mismo cabe decir de la ciudad de Granada.

Aunque los dirigentes socialistas con poca memoria histórica crean que éstas son costumbres franquistas, la imbricación de las manifestaciones religiosas con el Ejército forma parte sustancial de la historia de España, en especial tras la prolongada guerra entre los reinos cristianos y musulmanes que culminó en 1492. Ignorar, o peor aún, despreciar este legado amparándose en un laicismo radical supone una falta de respeto a los ciudadanos, un insulto a sus tradiciones y una agresión a sus sentimientos religiosos.

Con su ideología partidista, Chacón no sólo desaira al 80% de los españoles, que se confiesa católico; también aleja al Ejército del pueblo. Lejos de estimular la imbricación de nuestros militares con los ciudadanos, especialmente en los momentos más solemnes de la colectividad, el Gobierno socialista se empeña en alejarlos, aislarlos y despojarlos de su herencia religiosa y cultural, como si fueran simples mercenarios. Si al Ejército se le prohíbe ahora participar activamente en aquellas solemnidades religiosas que unen a todo el pueblo desde hace siglos, no pasará mucho tiempo hasta que se le excluya de ellas incluso físicamente. Que toda esta polémica absurda se haya producido en vísperas de la visita del presidente Zapatero al Papa Benedicto XVI revela el dogmatismo laicista de la ministra Chacón.