Deneuve toma el poder

Catherine Deneuve lidera la revolución de las «mujeres florero» en la Mostra

Ver a Catherine Deneuve en chandal bien vale pagar una entrada. A estas alturas de su carrera, la gran diva del cine francés podría ponerse un árbol de Navidad en la cabeza y salir victoriosa del empeño. Lo que no podría ser nunca es una mujer florero, como el título de la nueva película de Ozon indica con ironía. Cosa que Deneuve se encargó de ratificar en rueda de prensa: "Nunca he sido una mujer florero, a pesar de que a veces me han utilizado sólo por mi físico. Espero que con este filme la situación de la mujer mejore, porque queda un largo camino por recorrer". En "Potiche", divertida reformulación del teatro de boulevard en clave feminista que se presentó ayer en la Mostra de Venecia, François Ozon explota la vis cómica de la Deneuve reuniéndola con otro grande, digamos que gigante, del cine francés, Gérard Depardieu. "Potiche"pertenece a la vertiente ligera de la obra de Ozon, pero mejora ostensiblemente los resultados en "8 mujeres", su anterior colaboración con la Deneuve: se trata de hacer propios los logros de los melodramas de Douglas Sirk, tan favorables a la liberación de las amas de casa, pasados por el filtro del expresivo cromatismo del cine de Jacques Demy.

"Potiche"cuenta la historia de Suzanne Pujol, que toma las riendas de la fábrica que le legó su padre cuando su infiel y despótico marido sufre un ataque al corazón a causa de una huelga. Ambientado a finales de los setenta, el filme ilustra, con una levedad envidiable, el renacimiento de una mujer que pasa de estar confinada al espacio doméstico a ejercer el poder con guante de seda. Suzanne descubre el arte de la política en la política del arte, y reivindica en ello los derechos de la mujer a encontrar su lugar en el mundo. Ozon cuela este mensaje en una estructura puramente vodevilesca, donde el adulterio, el incesto, la homosexualidad y la lucha de clases –representada por el amor de juventud entre Suzanne y el comunista Maurice (Depardieu)- se reflejan en la historia de esta madre coraje adicta a la laca y las perlas, algo así como la abuela de Segolène Royal. La soltura y la naturalidad con que Deneuve se enfrenta a este personaje para el cual ser competente y ser glamourosa no está reñido demuestran hasta qué punto la actriz está más allá del bien y del mal.

La sección oficial ofreció dos películas más en las antípodas en intenciones y resultados. La rusa "Silent Souls", de Aleksei Fedorchenko, se ofrece como fábula etnográfica a la vez que como meditación sobre la muerte: concisa y contemplativa ‘road movie', cuenta la historia de dos hombres que intentan mantener viva la cultura de la región de Merya incinerando el cadáver de la esposa de uno de ellos según los rituales de este pueblo. La mirada, tan poética como lacónica, sobre una cultura que está desapareciendo impregna las bellas, pero un tanto herméticas, imágenes de un filme que logra hipnotizar al espectador con una anécdota que no da para mucho. Al lado, eso sí, de la segunda película italiana a competición, "Silent Souls"es una obra maestra. Es difícil explicarse qué hace una revisitación de las comedias de Álvaro Vitali (Jaimito para los amigos) a concurso: los compromisos de Marco Müller con la industria de su país deben de ser ingentes para que "La pasión", de Carlo Mazzacurati, haya pasado las cribas del comité de selección. Si esto es representativo del estado de las cosas del cine italiano, los españoles nos quejamos de vicio. ¿Qué ocurriría si una película de Mariano Ozores hubiera concursado en San Sebastián? No exagero: algunos de los gags que salpican la historia de este director de cine en decadencia (Silvio Orlando, copa Volpi al mejor actor en el 2008) que se ve obligado a dirigir la representación de la Pasión de Cristo en un pueblo de la Toscana habrían hecho las delicias de "Los bingueros".


El alma del inmigrante
"¿Por qué sonríe Elia Kazan?", se pregunta Martin Scorsese en un momento de su carta de amor al director de "El compromiso". Una sonrisa defensiva, una sonrisa que esconde, una sonrisa extraordinaria, la sonrisa de Anatolia, la que llevó en los genes de su alma de inmigrante. Una sonrisa que le protegió de los efectos devastadores de haberse convertido en paria después de delatar ante la Comisión de Actividades Antinorteamericanas a ocho de sus compañeros del Group Theatre, comunistas como él en los años treinta. En "A Letter to Elia", que ha co-dirigido junto al crítico Kent Jones, Scorsese nos recuerda que Kazan consideraba que su carrera como cineasta había empezado de verdad tras su delación, y explica, con fervor didáctico, cómo el estreno de "La ley del silencio"y "Al este del Edén"durante su preadolescencia marcaron para siempre su vocación cinematográfica. Scorsese no intenta justificar el terrible acto cometido por Kazan sino decirnos que, detrás de la persona que se equivocó, hubo un gran artista. Las conexiones que Scorsese establece entre su vida y esos dos clásicos incontestables son muy reveladoras, y la pasión con que analiza las emociones que le siguen despertando no excluye el análisis revelador de todas sus claves estéticas y temáticas. Lo mejor que puede decirse de "A Letter to Elia"es que, después de verla, te entran unas ganas locas de revisar toda la obra de Kazan.