Presidencia del Gobierno

En defensa de la Fiesta

La Razón
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Si algo ha caracterizado al mundo del toro es que, tradicionalmente, ha sido un colectivo muy poco corporativo. Por su propia idiosincrasia, las figuras del toreo se han distinguido por su individualismo y pocas veces han dado una respuesta conjunta a cualquier contingente que pudiera sufrir la Fiesta... Hasta ahora. A raíz de la decisión del Parlamento de Cataluña de prohibir las corridas de toros en esa comunidad autónoma, ayer se leyó en todos los cosos taurinos donde se celebraban festejos un comunicado conjunto. En él, los profesionales de la tauromaquia rechazan la decisión del Parlamento catalán al tiempo que expresaban su solidaridad con los aficionados catalanes. En este comunicado, impulsado por la Mesa del Toro, se pide que se respete uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos: el de la libertad de asistir o no a un espectáculo si así lo desean, que además es una expresión de nuestra cultura y de nuestras tradiciones. También denuncian lo evidente por mucho que la clase política catalana favorable a esta prohibición lo niegue: la manipulación política de la Fiesta Nacional. Este manifiesto tuvo su anticipo la semana pasada cuando algunas figuras del toreo como «El Juli», José Mari Manzanares, Curro Vázquez –representante de Cayetano Rivera y Morante de la Puebla– y Miguel Ángel Perera se reunieron, con el apoyo de otros diestros que estaban toreando en esos momentos, para acordar una estrategia común en defensa de la Fiesta Nacional que pasa por solicitar una entrevista, prevista para septiembre, con la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y con los partidos políticos.

Es comprensible la inquietud e indignación que ha provocado la prohibición de las corridas de toros en Cataluña entre los profesionales de la tauromaquia y los aficionados. Hasta la fecha pocos colectivos profesionales han vivido una situación parecida como la que están experimentando los taurinos, que ven cómo están siendo instrumentalizados y utilizados por intereses que pasan más por el oportunismo político que por inquietudes que tengan que ver con la defensa de los animales.

En este punto cabe pedir tanto a la administración central como a las comunidades autónomas y a los partidos políticos que escuchen a los profesionales de la tauromaquia desde la sensibilidad y sin sectarismos ideológicos. Incluido, el Gobierno, a pesar de las recientes declaraciones del presidente del Ejecutivo, Rodríguez Zapatero, de que respetaba la decisión del Parlamento catalán al tiempo que pidió no politizar la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. El mensaje llegó tarde, porque es justo lo que sucedió en la Cámara autonómica. De más está decir que lo que ha sucedido en Cataluña ni es el reflejo del sentir mayoritario de todos los catalanes, ni respondía a una demanda perentoria de su sociedad.

Sea como fuere, se ha entrado en una deriva peligrosa, por cuanto algunos políticos parecen empeñados en crear polémicas artificiales que distraigan a los ciudadanos de las cuestiones importantes, una estrategia equivocada y que, como se está viendo, crea problemas donde antes no los había.