Gala entre rojos por Hanníbal Laguna

Los Oscar han recuperado el glamour y la sensualidad de otras décadas. El corte clásico ha vuelto a tomar la alfombra, aunque también hubo más de un resbalón.

Penélope Cruz y Javier Bardem
Penélope Cruz y Javier Bardem

Tras varios años de austeridad económica y estética, la noche de los Oscar recuperó todo el lujo y el esplendor de otras décadas. Casi se me había olvidado el motivo por el cual la meca del cine ejerce su cósmica influencia en la moda; pero anoche, el elenco de estrellas que desfilaron por la pasarela mas costosa del mundo me hizo recordar a eternos y antagónicos iconos del estilo; tales como: Audrey Hepburn, Lauren Bacall, Grace Kelly o Gene Tierney.

Míticas estrellas del celuloide que dejaron las huellas de sus personalidades grabadas en nuestra retina. Igual que ayer, hoy lo hacen otras estrellas; quizá más cercanas, más humanas, quizás menos divinas. Ellas, con sus estelares actuaciones, sus aireadas vidas sentimentales, e incluso con el color de sus vestidos, tiñeron de rojo pasión, borgoña o carmín la alfombra del Kodak Theatre: Así, Sandra Bullock, Scarlett Johansson, Penélope Cruz, Jennifer Hudson, Jennifer Lawrence y Anne Hathaway eligieron con más o menos acierto esta paleta cromática.
Anoche el glamour y la sensualidad volvieron a ser protagonistas: de la mano de Valentino desfiló Anne Hathaway, de crujiente tafetán de seda rojo de la colección 2002. También de rojo, Sandra Bullock con un seductor Vera Wang, o Mila Kunis, espléndida con su Elie Saab en color amatista. En tonos claros vimos a Mandy Moore con un perfecto «nude» escarchado de Monique Lhuillier, y a Hailee Steinfel con el delicioso new look recreado por Marchesa, firma que también vistió a Halle Berry con una espectacular creación.

En la sección de «cine negro» cabe destacar a Sunrise Coigney con su elegante asimétrico black gold, Sharon Stone, Helen Mirren y la modelo Camila Alves que llevó un maravilloso vestido firmado por Kaufman Franco.

Pero, sin duda, mis favoritas fueron Cate Blanchett, con un Givenchy Haute Couture creado por Ricardo Tisci en gasa plisada color orquídea con llamativos bordados barnizados al tono y pequeños detalles en amarillo ácido, un canto a la costura clásica con toques de renovación. Y Hilary Swank con un delicado Gucci en plata espectacularmente bordado en degradé de plumas, quien, una vez más, no duda en darnos una lección de elegancia clásica.
Siempre que hay luces hay sombras. Las más alargadas estuvieron protagonizadas por Jennifer Hudson, mucho más delgada y de color coral Versace, pero con un escote inapropiado. Melissa Leo con un camisero de lamé oro y guipure blanco que no le favorecía, aunque le dio mucha suerte. De blanco también iba una poco lucida Nicole Kidman de Dior.

Peor aun fue el poco afortunado conjunto negro que deslucía Helena Bonham Carter. Aunque si hay algo que me sorprendió fue la desafortunada aparición de la bellísima Jennifer Lawrence, a quien en un primer golpe de vista llegué a confundir con Pamela Anderson en uno de los capítulos de la famosa serie de TV, «Los vigilantes de la playa». Todo por culpa de un primer plano de su vestido rojo diseñado por Francisco Costa, actual responsable de Calvin Klein, que recordaba a los vestidos playeros de serie B de la California de los 90.

Cuando el protocolo solicita «black tie» (etiqueta) para los caballeros, y «long evening gown» (vestido largo) para las damas, el vestido camiseta no es un elegante compañero de viaje. Aun así, los Oscar han brillado como nunca.


El detalle PENÉLOPE, ESCOTE FALLIDO
Se esperaba algo más de su primer posado público. La elección de Penélope Cruz, un vestido firmado por L'Wren Scott, pareja de Mick Jagger y una de sus diseñadoras preferidas, no estuvo a la altura. Su silueta, demasiado vulgar, y sus centenares de lentejuelas haciendo horribles dibujos le daban un aspecto de vestido de boutique de barrio. Aunque lo peor fue el escotazo, demasiado sexy para un evento como los Oscar. Nada que ver con esa Pe «pre-Bardem» coqueta, romántica, soñadora y glamourosa de ediciones anteriores, vestida con ese inolvidable Versace de alta costura con falda de plumas, el fabuloso vintage de Balmain con el que recogió su merecido Oscar o incluso el Donna Karan burdeos que lució el pasado año, al más puro estilo de las divas del Hollywood dorado, informa Aitana Ferrer.

Cenicienta y la madrastra
Desenfado y naturalidad en unos peinados que no estuvieron a la altura de los modelos de alta costura. El estilista David Lorente habla incluso «de andar por casa» cuando se refiere a Scarlett Johansson y su «melena corta, ni lisa ni ondulada, y sin gracia» o del seudorecogido de Nicole Kidman, «una coleta simplona con un flequillo tieso». El equipo de expertos de Dessange –que peinan a las mismas celebrities en Cannes– destacó la ausencia de los recogidos en beneficio de melenas sencillas, ondas, cierto guiño al cine de los años 40 y caídas laterales muy marcadas. ¿Las peores elecciones? A parte de la de Scarlett y Kidman, las melenas lisas y planas de Penélope Cruz y Gwyneth Paltrow. ¿La ganadora? Los estilistas dan el premio al cabello pulido e impecable que Anne Hathaway plasmó en sus siete cambios de imagen. El intento de Sharon Stone (debajo) por convertirse en una villana de Disney era bueno, pero, como señalan, «el volumen frontal resultó exagerado», informa Marta Cámara.