Juan con jota por Santiago Talaya

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Juan Ignacio Zoido está demostrando en política ser hombre de suerte. Si bien es cierto que la diosa fortuna lo encuentra siempre trabajando. Esta semana por ejemplo se ha llevado treinta y cinco horas sin dormir habiendo tenido que defender en San Petersburgo un indeseado proyecto de rascacielos heredado de la anterior corporación y ha conseguido de momento que la Unesco no sancione a Sevilla. Su próximo reto, sustituir a Javier Arenas al frente del PP andaluz, no es de menor altura. Un encargo de Rajoy, Cospedal y el propio Arenas –pongan ustedes el orden que quieran– que supone a un tiempo un honor y un regalo envenenado. La lealtad hacia su antecesor y mentor es obligada aparte de que sería suicida desmontar la sólida y rocosa maquinaria que desde hace años es la estructura meridional del Partido Popular. Pero tiene todo el derecho a imprimir su sello propio y a elegir a una ejecutiva de su plena confianza. Pactando y consensuando, por supuesto, pero marcando un mínimo de autoridad. En un principio todos los presidentes provinciales no vieron del todo claro la solución Zoido al que tal vez consideran un primum inter pares, ya que hay otros alcaldes de capitales y municipios importantes con parecido caudal de apoyo popular. Ahora bien, es precisamente esta cantera de «pavones», que no de «zidanes», la que el PP andaluz deberá movilizar como penetrantes jugadores de refresco en la nueva etapa. Y ahí lo positivo es que Zoido, si hubiera sido entrenador de fútbol, se parecería bastante a Del Bosque. Porque su juego no es galáctico pero en 2011 ganó el campeonato mundial de las municipales con maracanazo incluido en la bombonera de Felipe y Alfonso. Y al fin y al cabo no se olvide que el gran mal del centro derecha del sur es el mismo que el que hace años aquejaba a la selección española. Que jugaba como nunca y perdía como siempre. Pronto conoceremos los nombres y el dibujo de su pizarra.