Moda Adlib celebra sus 40 años por todo lo alto por Jesús Mariñas

La morenaza de modales tan radicales, como los de Kate Moss, llegó acompañada de su novio ruso. El desfile de Adlib, que celebró 40 años, parecía el cartel inaugural de la temporada ibicenca o el complemento de los fastos que, pese a la crisis y con el eterno mecenazgo de Abel Matutes y Ricardo Urgell –que siempre están ahí–, sacó adelante el conseller Vicente Roig. Éste consiguió hasta lo que parece más difícil: que las fuerzas vivas encabezadas por el presidente del Consell, la rubia alcaldesa y hasta el comandante en jefe de Ibiza recuperasen la vestimenta blanca de tan emblemático sello adlib, aunque los diseñadores actuales se atrevieran con los tonos cereza o el actualísimo verde Nilo. La primera fila del acto contó con una Elena Tablada con los ojos pintados excesivamente negros para un evento isleño. Parecía despreocupada de su joven novio, que tiene una pinta más moderna que la de su ex David Bisbal. Elenita pasó página y está serena como Carmen Lomana junto Angel Casaña, al igual la irónica y luminosa Ana Milán, que acudió acompañada de su alto marido bastante alérgico a las cámaras. Berta Collado presentó y cumplió ante una María Patiño de boca rehecha y comentando con Gema López la última separación de Paquirrín y Jessica, parece que sin remedio, aunque se han dado un tiempo, en el mismo aire maquinador que Belén Esteban y Fran. Aurelio Manzano, supuesto rival, aportaba sabrosos detalles del pasado fin de semana cuando tuvo que consolarlo. Se relamía con este nuevo acercamiento casi abnegado: «Me interesa hacerle una entrevista», reconoció evitando supuestos mal intencionados, que los hay, y apoyando al galán tan sufridor en casa. Sobran las palabras, como al evocar el espíritu que creó esta pasarela que hoy representa a Ibiza al igual que lo hace Pachá, el Montesol con su ensaimada de cabello, la terraza del Mar y Sol, la moda hindú de Vicente Ganesta, que tanto gusta a los Mónaco, o los superados despelotes en Es Cavallet cuyo chiringuito ha sido desbancado por La Escollera donde su Chelo García Cortés desahoga indignaciones televisivas y Jaime Cantizano esconde sus piernas que son para él un trauma. Aquello fue un atardecer para el recuerdo. Qué tiempos aquellos en los que Smilia embobó al Matutes que hoy amplía su cadena hotelera en Brasil, Nueva York y Miami. Es infatigable y está bien apoyado por su heredero. Su esposa y su madre vistieron de gris acerado como buen realce a su discreción. Aplaudieron los favorecedores kilos ganados por una Elizabeth Reyes de cara supuestamente angelical. Por otra parte, Campbell también ha amadrinado el restaurante Cipriani, émulo de los locales neoyorquinos. Está situado al lado del Casino, vecino a Pachá, y le faltan sesenta días para rematar su primer piso. Pero ya es pregón, adelanto y reclamo tan ibicenco como lo es Adlib, ahora rememorado manque la crisis. Olé por Vicente Roig.