Féminas desconcertadas

¿Puede una serie de televisión aguantar siete temporadas sin que aparezcan síntomas de agotamiento y con unas tramas que sigan captando la atención del telespectador?

Féminas desconcertadas
Féminas desconcertadas

Sí, cuando los personajes son mucho más que estereotipos y tienen alma, y las protagonistas de «Mujeres desesperadas»... asombradas, cansadas, desconcertadas y tantas cosas más, la tienen. Féminas que no se entienden a sí mismas y menos aún a los hombres que las rodean, y que muestran que, como ocurría en la película de David Lynch «Terciopelo azul», vivir en un complejo residencial impoluto, casi aséptico, no significa siempre vivir un cuento de hadas. Desde la primera temporada, los productores y los guionistas decidieron abrir las puertas y las ventanas de las casas que habitan los personajes para dejarnos asomar a sus miserias, tan cercanas y conocidas.

En este penúltimo capítulo de la séptima temporada al telespectador le espera una nueva aventura de ese matrimonio lleno de altibajos formado por Lynette y Tom, cuyo amor se ha ido diluyendo con cada taza del café del desayuno. Las escapadas románticas suelen tornarse en huidas para volver al punto de partida: un amor que se desvanece. Para Bree, las cosas van mejor, aunque sospecha que su nuevo novio puede ser gay, al menos tiene algunos conatos de sexo que la trastornan mucho más que la tendencia sexual del muchacho. Y es que estas mujeres insisten en complicarse la vida.