Polanski: libre por ahora

Suiza ha respondido a EE UU: no extraditará al cineasta. Se cierra así el penúltimo capítulo de un viejo culebrón, la persecución al oscarizado director, acusado desde 1978 de violar a una menor y detenido en 2009 en Zúrich

El calvario ha durado casi diez meses y ayer tocó a su fin. El cineasta franco-polaco Roman Polanski recobró la libertad tras un largo encierro, primero en la cárcel y posteriormente en su residencia de los Alpes suizos, donde ha cumplido un férreo arresto domiciliario mientras las autoridades suizas dirimían la demanda de extradición solicitada por los Estados Unidos, donde el célebre director de la oscarizada película «El pianista» está acusado desde de 1977 de abusar sexualmente de una menor de 13 años. Finalmente, la justicia suiza decidió ayer no extraditarle y retirarle «todas las medidas que restringen su libertad». Entre ellas, el brazalete electrónico que ya no controlará sus movimientos y que le impedía abandonar su chalet de Gstaad, donde ha estado confinado y bajo vigilancia desde el pasado 4 de diciembre, cuando quedó en libertad condicional y bajo fianza de tres millones de euros.Una decisión que según la ministra suiza de Justicia, que ayer ofreció una rueda de prensa, responde a la falta de conformidad de la petición de extradición ya que «no se puede excluir con toda certeza un vicio en la forma». Se refiere Eveline Widmer-Schlumpf a la negativa por parte de las autoridades estadounidenses de facilitar parte de la documentación jurídica del caso. Concretamente un acta de declaración del fiscal de la época, Roger Gunson, y que resulta esencial para poder determinar si los 42 días que Roman Polanski ya pasó en el servicio psiquiátrico de una prisión californiana en 1978, como fruto de un acuerdo con el magistrado, «cubren el total de la pena de prisión que debía ejecutar».De ser así, Suiza considera que tanto la demanda de extradición como el procedimiento iniciado «carecerían de fundamento». Washington, que se ha escudado en el carácter «confidencial» del informe para no compartirlo, no ha hecho sino cerrarse las puertas por su falta de transparencia. Ahora no sólo debe encajar una decisión que dice «aceptar», sino que tampoco podrá recurrir la sentencia ya que es definitiva, según la ministra. La decisión del Gobierno de Berna de no extraditar al reconocido director de cine también responde al «clima de confianza» que se había establecido. Polanski, que pasaba largas temporadas en Suiza y de manera regular, «no habría viajado al Festival de cine de Zurich el pasado mes de septiembre si no hubiera estado convencido de que no tenía consecuencias jurídicas», explicaba ayer la Oficina Federal de Justicia, que no cree que el realizador demande una compensación por los meses transcurridos privado de libertad. Porque si bien es cierto que la justicia helvética ha demostrado no ser especialmente veloz, el encadenamiento de recursos por parte de Polanski ha dilatado los plazos.Ha dejado GstaadNumerosos eran los periodistas y fotógrafos apostados a la entrada de la «Vía Lactea» («Milky Way»), aunque nadie lo vio salir de la lujosa casa de Gstaad que ha sido su confortable prisión desde diciembre. Sin embargo, Polanski, de 76 años, no tardó en abandonar su residencia nada más conocerse la decisión. Seguramente para reunirse con su mujer, la actriz francesa Emmanuelle Seigner, y sus dos hijos, pero ya fuera de Suiza.Su puesta en libertad arrancó ayer más de un suspiro de alivio en Francia, donde políticos e intelectuales han estado defiendo desde su detención el pasado mes de septiembre al director de filmes como «Tess», «La semilla del diablo» y «Chinatown». Entre quienes lo han hecho con más fervor y sin tibiezas,se encuentran el filósofo galo Bernard-Henri Lévy, que se ha mostrado satisfecho porque a su juicio «se ha hecho justicia».Apoyo del Gobierno francés El precoz apoyo que le brindó el ministro francés de Cultura suscitó en su momento airadas críticas, pero ayer Frédéric Mitterand no ocultó su satisfacción por la decisión de no extraditar a Polanski, «que ya puede volver a reunirse con todos los artistas que le han estado rodeando calurosamente y con respeto durante estos meses», aseguró en un comunicado. Otros políticos franceses que se han sumado al apoyo a Polanski y que ayer se felicitaron por la decisión suiza han sido el ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, y el antecesor de Mitterand en Cultura, el socialista Jack Lang. Igualmente, el Gobierno polaco ha mostrado su satisfacción con el resultado final de estos meses de incertidumbre legal. En estos diez meses, los abogados del cineasta se han servido de todas las palancas legales posibles para evitar la extradición de su cliente y con ella la celebración de un nuevo juicio con un desenlace muy incierto respecto a la pena a la que podría ser condenado. Satisfecho por la decisión de la justicia suiza, uno de sus letrados, el francés George Kiejman, ya sólo espera que un día, sin mucho tardar, Polanski pueda volver a los Estados Unidos, a donde no ha viajado en los últimos 32 años. Algo, quizá, posible si se logra convencer a las autoridades americanas de que la decisión que tomó en su momento el juez encargado del caso, Lawrence J. Rittenband, no fue respetada por el propio magistrado y que la condena impuesta de 42 días tras las rejas en un servicio psiquiátrico ya se cumplió. Ése será en cualquier caso el próximo cometido de su defensa.Un portavoz del Ministerio de Justicia suizo, Guido Balmer, explicó que el país helvético tiene cada año unos 200 casos de extradición. En torno al 5 por ciento de las solicitudes se rechazan, principalmente porque el delito que presuntamente ha cometido el acusado no está tipificado como tal en Suiza o porque, como en el caso de Polanski, la solicitud de extradición contiene errores o defectos. Aun así, Balmer reconoció que el director de cine recibió un trato especial cuando el pasado diciembre fue puesto bajo arresto domiciliario en su chalet de la localidad de Gstaad, un lujoso lugar de vacaciones en los Alpes, pero sólo porque había pagado una fianza de 4,5 millones de dólares, una cifra sin precedentes que habría perdido si hubiese intentado huir. Polanski no podía salir de su casa pero sí recibir visitas. De hecho, su última película, «El escritor», se terminó y estrenó mientras él estaba allí. Pero tampoco pudo acudir al festival de Cine de Berlín a recobor el premio al mejor director, precisamente por este filme.En casa de Jack NicholsonLa pesadilla de Polanski comenzó en marzo de 1977, cuando, en una fiesta en la mansión de Bel Air de su amigo el actor Jack Nicholson, mantuvo relaciones sexuales con una menor de 13 años, Samantha Gailey (quien más tarde se cambiaría el apellido a Geimer). La policía detuvo al cineasta al día siguiente, acusado de varios cargos. La joven aseguró que Polanski le había dado alcohol y metacualona, un antidepresivo. Después la habría llevado a un jacuzzi, le hizo fotos del pecho y mantuvo con ella relaciones exuales consentidas. Más tarde, la joven diría que se había negado, y de hecho el cargo que pesa sobre polanski es el de mantener «relaciones ilícitas con una menor». El cineasta aprovechó un permiso para refugiarse en Francia, su país de acogida –tiene la doble nacionalidad franco-polaca–. Así ha permanecido durante tres décadas, hasta que fue detenido en el aeropuerto de Zúrich cuando acudía a la ciudad para recibir un homenaje a su carrera.Condenado a no salir de Francia e ItaliaAl fiscal de Los Ángeles se le vuelve a escapar Roman Polanski. Las autoridades suizas se niegan a enviarlo a Estados Unidos y el director polaco busca refugiarse en Francia y no saldrá nunca más de su nación de acogida –el cineasta, de origen polaco, tiene desde hace décadas el pasaporte francés–, no vaya a ser que vuelva a convertirse en tarjeta de cambio de algún país con deudas pendientes con Estados Unidos. El otro oasis que le queda a Polanski es Italia, país que tampoco lo extraditará. Pero ha de tener cuidado en cualquier aeropuerto internacional, aunque esté sólo de paso. Las autoridades suizas anunciaron ayer que Polanski no será extraditado a Los Ángeles para enfrentarse a los cargos de abuso sexual sobre una joven de trece años hace casi cuarenta. En «Los Ángeles Times» parecen enfadados con la libertad sin condiciones de Roman Polanski y dicen que al director se le busca por violación y no por un problema político, recordando así a los lectores que a veces los famosos escapan de las leyes. Los analistas del citado periódico también explican que Polanski, al menos, ha pasado un año retenido, poco para lo que esperaba el fiscal, pero que se ha logrado hacer un poco de justicia.