Almodóvar

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Hace pocos días, Laura Seoane publicó en LA RAZÓN una excelente entrevista a Pedro Almodóvar, con ocasión de la promoción de la última película del cineasta. Resultaba una entrevista sorprendente porque Almodóvar parecía haber alcanzado un estado casi milagroso, sobrenatural, de tolerancia y apertura de espíritu. «Las personas están por encima de las ideologías y las relaciones con ellas también», nos informaba. También hablaba de la «crispación» que existe en España y de la lección que tenemos que sacar de ella: «Todos tenemos que estar más tranquilos para escuchar y reaccionar». «Desgraciadamente –seguía diciendo– España está cada vez más polarizada y mi mensaje es el contrario: estamos conviviendo…». El asunto no iba a acabar ahí, sin embargo. A los pocos días, caí sobre un número reciente de la revista francesa «Paris Match», en el que también aparecía Almodóvar hablando de su película, recién estrenada en Francia. Como en LA RAZÓN, se explayaba además sobre sus opiniones políticas, aunque aquí la perspectiva variaba sustancialmente. Ante los franceses –más avanzados y republicanos que nosotros–, Almodóvar posa de «ciudadano», muy «implicado» en la vida pública de su país. Al parecer, se siente «cerca del pueblo», aunque acto seguido dice que en la región de La Mancha, la suya, «el pueblo es reaccionario y machista» («macho» en francés). Los españoles, sigue diciendo, somos individualistas y no solidarios «por esencia». Y sobre todo, aunque «vivimos en democracia», «atravesamos una crisis de libertad y de crecimiento» ante la que los gobernantes no saben responder. Consecuencia: «El país está aplastado por un movimiento reaccionario». Así se desvaneció, más rápido aún de como había aparecido, cualquier ilusión sobre el advenimiento de Pedro Almodóvar a la tolerancia y a la apertura de espíritu. Hay cosas que no cambian nunca.