Quien tiene un amigo tiene un problema

La amistad «pura» entre hombres y mujeres escasea, y ellos son más proclives a sentir atracción sexual hacia sus «partenaires»

Hay un puñado de cosas que, por más que estén manidas, no dejan nunca de funcionar. Pongan por caso la Coca-cola, la banca o las comedias de «no te preocupes, cariño, es sólo un amigo». A ojo, el controvertido binomio amor-amistad sirve de materia fungible para al menos un 20 por ciento de las tramas edulcoradas de Hollywood. Sin él, actrices como Meg Ryan o Jennifer Aniston verían reducida drásticamente su cuota de pantalla y la programación del AVE sufriría una merma irreparable. Afortunada o desgraciadamente, este jugoso tándem –haz y envés de las relaciones humanas, condenados a compartir tallo– no tiene visos de caducar. Para Cicerón, la amistad sólo es posible entre iguales, lo que excluiría las relaciones «incontaminadas» entre hombres y mujeres. Un estudio de la Universidad de Wisconsin-Eau Claire avala al pensador latino. Tras estudiar la relación de amistad de 400 adultos de entre 18 y 52 años, los investigadores coligieron que la atracción sexual mediatiza estas relaciones en mayor o menor medida. No existiría, pues, la amistad «pura» al ciento por ciento entre varones y hembras.

Camaradería «pura y dura»
Pilar Varela, psicóloga y periodista versada en el tema, no en vano ha publicado dos exitosos tomos bajo el epígrafe «Amor puro y duro» (La Esfera de los libros), evita generalizar en este aspecto, ya que, defiende, «sí es posible la relación de amistad entre dos personas de diferente sexo sin connotación sexual». No obstante, Varela está de acuerdo con las conclusiones arriba reseñadas en cuanto a que, «en general, siempre habrá una vaga sensación de masculinidad-femineidad en la relación que hará que esa amistad tenga una esencia distinta a la que profesan dos personas del mismo sexo».

Según la Universidad de Wisconsin, el hombre sería más proclive que la mujer a contemplar a sus amistades del sexo opuesto bajo el prisma de la atracción. Lo cierto es que amor y amistad comparten sus dos primeras letras y un origen etimológico común: «amare». ¿Cómo no confundirlos? Hay quien pasa graciosamente del uno al otro y quien lo hace del otro al uno. Es un biombo permeable y juguetón, apto para el enredo y el drama. «No siempre el que suplica debe confesar su anhelo carnal; que penetre tu pasión disfrazada bajo capa de amistad», recomienda el artero Ovidio.

Se pregunta nuestra experta: «¿Por qué Bardem y Penélope, después de haber sido amigos, rodado varias películas juntos, tenido distintas parejas cada uno por separado, de pronto, se enamoran y se casan? A lo mejor es que siempre hubo algo oculto, algo que estuvo larvado, hasta que ambos lo descubrieron al mismo tiempo y cobró fuerza». Esta es la primera ruta: la que va de la amistad al amor. Resulta más común, en cambio, la que va del amor a la amistad.

Se da por sentado que en la adolescencia y en la juventud se forjan estas amistades «impares», que en algunos y heroicos casos pueden durar lo que la vida de los protagonistas, pero la pregunta con mayúsculas, la gran pregunta en torno a este controvertido tema es: ¿Puede sobrevivir una sólida camaradería entre un varón y una hembra respectivamente casados? Para Varela, depende de varios aspectos: «Un cónyuge confiado en lugar de posesivo y que los amigos o amigas sean previos al matrimonio facilitan la relación». En cualquier caso, la tónica general pasa por compartir amistades: «Cuando la gente se casa, los amigos no son individuales, sino otras parejas en situación similar, por lo que son amigos de los dos y el amigo ‘íntimo' se desvanece».

Para complicar más la cosa, la muchachada ha alumbrado una nueva modalidad en las relaciones intersexuales: el amigo «con derecho a roce». Este heterodoxo partenaire, que en la jerga juvenil adopta un apelativo mucho más grueso, sirve lo mismo para un roto que para un descosido, para escuchar paciente nuestros proyectos de futuro ante el café de las cinco y media o para desordenar velozmente las sábanas en un viernes poco fructífero. Al cabo, estas relaciones se escoran hacia uno u otro lado (amor/hermandad) o, más frecuentemente, se extinguen sin remedio en lo que llega el madurar. Pero esa ya es otra historia. Y no menos jugosa.


A FAVOR
¡Ay!, es la tentación, simplemente
por Alfonso MERLOS
¿Dónde termina la química de la amistad y empieza la del sexo? ¿Dónde está la línea que las separa? ¿Y quién la marca? ¿Hasta qué punto es el hombre el que suele tomar impulso para trazarla y cruzarla, equivocadamente o no, pero de una forma quizá inscrita en algún misterioso código de nuestro imperfecto ADN? Pues sí. No seamos hipócritas, ni nos hagamos trampas en el solitario. Asumamos que de una relación entre sexos opuestos de un cariño y un aprecio especiales termina brotando, con frecuencia, la atracción sexual. Tampoco es tan malo, hay cosas peores, ¿no? Es la tentación. Simplemente. Luchamos por no caer. Pero, sin ponernos demasiado cursis, también es bonito ese estímulo que induce al deseo de algo más. Porque ese algo es especial. O así se intuye. Y porque son a veces las más insondables circunstancias las que nos conducen a ese algo… ¡Ay!, la tentación…


EN CONTRA
Cupido no tiene la culpa
por Rosetta FORNER
Muchos son los que conspiran en contra de quienes consideran la amistad como un regalo de los dioses. ¿Qué hombres y mujeres no pueden ser tan sólo amigos? Vaya trola que nos han hecho creer en el Club del Redil (CdR). La amistad es cosa del alma y ésta no entiende de sexo ni de género, sólo de sentimientos y de emociones. Al CdR le encanta desunir, conflictuar, dejar a la gente a la intemperie de la soledad sin una mano amiga que alcanzar cuando hace frío en el corazón. Si no puede existir la amistad, ¿cómo van a existir parejas felices? En la base de una relación madura y comprometida hay amistad, pues deja espacio para que el otro se muestre tal cual es. Dejémonos de cuentos y de estudios que pintan la realidad a conveniencia del CdR. Afortunadamente, el amor no es una invención de Cupido sino de los ángeles, y ya se sabe que estos no tienen sexo pero sí alas.