«Un tiro en la nuca a un inocente es violencia política»

La magistrada de la Audiencia Nacional Ángela Murillo volvió ayer por sus fueros, harta quizá de morderse la lengua el día anterior y de escuchar impasible los discursos políticos de Arnaldo Otegi y Rafael Díez Usabiaga.

MURILLO fue recusada por Otegi, que no consiguió apartarla del «caso Bateragune»
MURILLO fue recusada por Otegi, que no consiguió apartarla del «caso Bateragune»

La presidenta del tribunal del «caso Bateragune» dejó en evidencia a una de las procesadas, Miren Zabaleta, que no dudó en referirse a la actividad terrorista de ETA como «violencia política». Después de que la hija del coordinador general de Aralar, Patxi Zabaleta, insistiese en ponderar el paso al frente de Arnaldo Otegi al abanderar el rechazo a la «violencia política» de ETA, Murillo le interrumpió. «¿Qué es la violencia política?

¿Un tiro en la nuca o un atentado a seres inocentes es violencia política?», le preguntó. «No hace falta ponerle adjetivos, esa coletilla no me parece relevante; si quiere la quito y así no da margen a una utilización tergiversada», contestó Zabaleta. «No, si se lo ha puesto usted, no yo», replicó Murillo, a quien Otegi intentó apartar del juicio después de que en un anterior proceso le preguntara si condenaba a ETA y, ante sus evasivas, la magistrada le respondiese: «Ya sabía que no me iba a contestar». El Tribunal Supremo consideró que ese comentario prejuzgaba la culpabilidad de Otegi y ordenó repetir el juicio.

Pero la segunda jornada de la vista oral –en la que Otegi, Usabiaga y otros seis procesados se enfrentan a una petición fiscal de diez años de cárcel, que Voces contra el Terrorismo eleva a catorce, por intentar supuestamente reconstruir Batasuna a través de Bateragune– estuvo también marcada por la declaración como testigo del ex dirigente batasuno Rufi Etxeberria. Etxeberria se fundió en un sonoro abrazo con Otegi nada más llegar. Tras preguntar al testigo si tenía alguna relación de amistad o enemistad con los acusados que condicione su declaración (obviamente, Etxeberria reconoció su amistad con Otegi), Murillo terció: «Le conoce y le quiere una barbaridad, por lo que he visto».

Etxeberria remató su imparcialidad dejando claro que su único afán es que «todos los acusados salgan absueltos». «Entonces, usted de imparcial poco ¿no?», zanjó la presidenta del tribunal, a quien el testigo insistió que la apuesta por el rechazo a la violencia de la izquierda abertzale no está apadrinada por ETA, aunque compartan «objetivos estratégicos». También testificó Ainara Oiz (que fue detenida sacando en una mochila supuestos documentos de Bateragune de la casa de Zabaleta). Ella, sin embargo, afirmó que se llevó «unas cartas para preservar su intimidad», sin mirar siquiera los papeles «uno a uno» porque estaba «muy nerviosa».

«Otegi intentó esconder un papel»
En la jornada de ayer declararon como testigos varios agentes que participaron en la detención de los acusados, el 13 de octubre de 2009, en la sede del sindicato abertzale LAB en San Sebastián. Uno de los encargados de arrestar a Arnaldo Otegi explicó al tribunal que, cuando llegaron a la sede sindical a las seis de la tarde, sorprendieron al ex portavoz de Batasuna junto a Sonia Jacinto, ex tesorera del PCTV, y Rufi Etxeberria en la sala de prensa. «Otegi estaba escribiendo en un pequeño papel e intentó esconderlo, haciendo con él como un cenicero».

Otro de los agentes vigiló a Otegi cuando regresaba de Francia junto con Rafael Díez Usabiaga, ex secretario general de LAB. Según los dos acusados, se trasladaron al País Vasco francés para trasladar a un dirigente de la Batasuna gala, Jokin Etxebarria, su nueva estrategia de rechazo a la violencia. Sin embargo, según la Policía, Otegi (que tenía prohibido por la Audiencia Nacional salir de España sin permiso) se reunió con la dirección de ETA para recibir instrucciones, una hipótesis que Otegi negó en rotundo.