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Guti y Romina posponen su boda sine díe por Jesús Mariñas

El aplazamiento de la boda entre Romina y Guti desencanta, pero no asombra ni sorprende. Estaba cantado que resultaría así pese a sus incesantes correos detallando cada uno de sus pasos, algo que parecía excesivo para el secretismo que cabe esperar de dos buenos enamorados. La justificación varía según a quiénes se la den: va desde el «no encontramos restaurante», casi increíble incluso en temporada baja, hasta el pretexto del papeleo de divorcio de Romina, que fue Miss Tucumán, ciudad en la que se proclamó la independencia argentina. Parece que los proyectos de la desigual pareja se han aparcado hasta octubre. Al principio, propusieron que se celebrara en julio, pero «¡Hola!» lo rechazó para que no coincidiera con la boda de Iniesta, fijada para el día 8. Ella quiere tener niños, ser madre «como haya lugar», y el futbolista tiene suficiente con sus hijos, fruto de su primer enlace con Arancha de Benito, al que, con Ángel Antonio Herrera, fui el único periodista invitado. Entonces trabajábamos para María Teresa Campos, que, por cierto, el domingo vistió un inefable traje, parecía un delantal, rompía la propiedad que siempre demuestra. Romina quedó sin palabras, desapareció de «Espejo Público», programa asentado como el «nº1 de la mañana», y Rosa Clará archivó su traje proyectado para mediados de junio en una isla soleada. Lo mismo pasó hace un año con la programada boda entre Sonsoles Suárez, ex de Pocholo Martínez Bordiú con el que se unió en el Monasterio de Piedra. También estuve allí y recibí un chorreo de Jesús de Polanco ante Suárez, asombrado por lo que conté de Plácido Arango, al dejar a Cristina Macaya forradísima. Sonsoles se une el próximo día 19 a Wilson, el mozambiqueño que le dio la cordura imposible, que es una de las personas más generosas que he conocido. Pocholo también destaca en eso.


Pese al chasco, Romina y Guti siguen normales, y esta tarde, en Barcelona, animarán la fila VIP de Rosa Clará que tiene como principal atractivo al bosnio Andrej Peijic, actual asombro de las pasarelas mundiales con su androginia bien vendida. Sale de mujer, le han hecho dos trajes románticos de novia «king size», como pide su estatura. Tiene 21 años y es «lo más», especialmente si lo visten de blanco. ¡Cómo negarse a Rosa Clará! Ya ha vestido a Paula Echevarría, Fiona Ferrer –que presenta su libro en un par de días–, Esther Cañadas, Monsita Martí, Paulina Rubio y Carla Goyanes, que sigue exprimiendo su maternidad, venga a sacar tajada publicitaria a su embarazo. Es lo nunca visto. Era de esperar porque vendió hasta tres despedidas de soltera,yo me reí de semejante repetición, y Cari me negó el saludo quizá estimulando las ansias trincadoras de su pequeña, que en Miami los tiene descolocados. De ahí que supongan lo que no hay. O así lo deseo porque la quiero bien y Carlos Goyanes, como abuelo, me cae de cine.

Clará estuvo a punto de contratar a Pipa Middleton, que no tiene representante. Todo se hizo entre amigos y desde Clarence House hasta pidieron una carta firmada para someterla a un grafólogo a fin de conocer más hondo a los posibles contratadores. «No pedía nada del otro jueves y deja chiquitas las pretensiones de Telma Ortiz que en Barcelona conocemos bien. La emplazamos para otra ocasión, Pippa se lo merece», me asegura Francesc Parellada, que gestionó tan anhelado fichaje.