«Los afters tienen camillas y hasta bombonas de oxígeno»

«¿Tú has visto la película de ‘‘Miedo y asco en Las Vegas''? Pues ahí tienes un resumen de lo que hay», afirma Roberto, de 20 años, conocedor de lo que se «mueve» en la noche. No es mal ejemplo. Aquella película, basada en la biografía del periodista Hunter S. Thompson, narraba la odisea narcótica del protagonista y su inseparable abogado, que consumían toda sustancia conocida.

 
 

Al preguntarles cuál es la droga de laboratorio más frecuente en su ambiente, Roberto y su amiga Vera, de 22 años, tardan un segundo en responder: el MDMA. «Lo puedes comprar líquido, en pastillas... Pero lo mezclan con un montón de productos químicos que no sabes ni que lo son», afirman. ¿Y qué es lo que experimentas? «La llaman la droga del amor... Adivina por qué. Te pone muy cachondo. Te excita demasiado», dice Vera. También conocen el GHB, que te da «un pedo muy tranquilo pero que te mantiene despierto. Es incompatible con el alcohol. El alcohol te acelera el corazón y el GHB te lo frena», apunta Vera. De hecho, Rocío, de 29 años, relata una vivencia relacionada con esta droga ocurrida en un «after» de Madrid en Nochevieja. Allí conoció a unos ingenieros químicos que elaboraban la sustancia. Y, por supuesto, la consumieron. «La mezclaron con otras drogas y uno de ellos se quedó tirado como una bufanda. Poco después, se despertó en una sala aislada del ‘‘after'', donde tenían una camilla y una bombona de oxígeno. Le reanimaron y siguió con la fiesta», afirma la joven. La ketamina, o «Special K», y la «Coqueta», mezcla de cocaína y ketamina, son otras de las drogas disponibles. ¿Y los precios? «El MDMA creo que está a 60 euros el gramo. Más cara que la coca, que está a unos 50 euros», estima Roberto. En cuanto a la edad de consumo, «yo he visto a chavales de 15 o 16 años ‘‘meterse''. Pero a los 20 años es más generalizado».