OPINIÓN: Castilla milenaria

La Razón
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Castilla se convierte en faro luminoso que ilumina en noche obscura estas tierras, depositarias de un tesoro de oro puro en lo que a pintura, escultura y arquitectura se refiere. La belleza artística colma la meseta como reclamo turístico para visitar lares de tradición e historia, donde se funden las verdes montañas del norte de la comunidad, con el dorado mar de cereal que baña la paramera. Pero es la provincia de Burgos, cuna de Don Rodrigo, la que centra nuestra atención hoy. Concretamente la Muy Leal y Valerosa Villa de Oña, germen primigenio de Castilla. Allí entre los estrechos pasajes de piedra milenaria que la surcan, se erigen castillos y monasterios con sabor del Medievo.
Tras el éxito cosechado el año pasado, la Fundación y la Junta de Castilla y León presentan este nuevo proyecto donde, la trascendencia se talla en madera y la sobrenaturalidad divina es fraguada en distintos metales; que son representación de los signos de una religión, origen y pilar maestro de la cultura europea. Se dan cita, esta vez bajo el nombre de «Monacatus», arte y religión. Para, entre los gruesos muros de penitencia y oración del Monasterio de San Salvador; renunciando al mundo y a lo mundano, a lo temporal y al siglo, al igual que las vidas consagradas que ocuparon esta abadía en tiempos pretéritos, ser ejemplo de amor a Dios. Todo de la mano de Agustín Lázaro, comisario de la muestra que abre sus puertas el 23 del mes presente. Las obras allí expuestas, no son solo legado cultural de siglos de arte castellano, sino también, las raíces de un reino donde «no se ponía el sol».